CUIDADO DE NIÑOS Y PERSONAS MAYORES

La sociabilidad hasta la adolescencia

A partir de los dos años los niños ya poseen el lenguaje suficiente para poder dialogar, pero aún no son capaces de entender muchas cosas del mundo de los adultos.

Hacia los tres años, su desarrollo emocional les va permitiendo ser más dóciles, aunque aún tendrán muchos arranques de desobediencia y autoafirmación. Esto es natural, y padres y madres deben comprenderlo así. La imaginación se va desarrollando, se vuelven sociables y necesitan compañeros y compañeras de juegos. Entonces puede surgir la timidez.

De los tres a los cuatro años el niño comienza a mentir, aunque lo hace casi siempre sin malicia porque confunde la realidad con la fantasía. Si lo hace para engañar, hay que estar atento, porque suele esconder un problema. Surgen también las "palabrotas", y se divierte diciéndolas aunque no comprenda su sentido. Los progenitores deben corregirlo, pero siempre con naturalidad y sin darle gran importancia.

De los seis a los doce años empieza a ansiar ser tratado como una persona mayor y exige saber por qué se le ordena hacer tal cosa, lo que provoca no pocos conflictos con el padre y la madre; éstos olvidan a menudo que el niño o la niña también pueden estar cansados e irritados, que ya tienen sus propios problemas, que, aunque puedan ser triviales para un adulto, no lo son para ellos.

La adolescencia

Los problemas aumentan en la adolescencia. En esta etapa se adquiere el pensamiento abstracto, lo que permite a los adolescentes la resolución de problemas complejos tanto a nivel teórico como personal. Descubren que tienen sus propios sentimientos e ideas y piensan en sí mismos como algo único y especial, lo que les induce a ser egoístas y desdeñosos con las demás personas. Adquieren mayor importancia las amistades, ya que entre ellas se sienten aceptados tal y como son.

Referente adulto

En la adolescencia se necesita un referente adulto que dé estabilidad a su turbulento mundo interior. Este papel corresponde al padre y a la madre, quienes no deben basar su educación en la rigidez sino en la tolerancia y comprensión, aunque poniendo límites. No tienen que basar su relación en la amistad, sino en su rol de padre y madre, papel sumamente importante y difícil. La persona adolescente necesita tener su propio mundo independiente de su familia, que ha de respetarlo y darle poco a poco la libertad que le será imprescindible para aprender a vivir en el mundo adulto.