Aceptar la edad
Lo sano, lo natural, es aceptar la edad que se tiene y valorar la madurez y experiencia que se ha ido adquiriendo como un tesoro mucho más importante que los músculos firmes, la resistencia física y sexual o la falta de arrugas. Pero esto no es un impedimento para que se intente mantener las virtudes de la juventud (que no todas las personas jóvenes poseen): la curiosidad, el interés por todo, las ganas de avanzar, de crecer intelectualmente y de vivir.
Para mantener el intelecto claro y abierto, hay que ejercitarlo. Trabajando la mente se conservará mucho mejor la memoria, la velocidad de raciocinio y los sentidos.
