CUIDADO DE NIÑOS Y PERSONAS MAYORES

Cómo actuar ante una hemorragia

El primer paso ante una hemorragia es conocer su gravedad. La cantidad de sangre que se pierde por una herida depende del tamaño y la clase de vasos lesionados.

El sangrado a chorro, a golpes o en surtidor indica con toda seguridad hemorragia grave. La forma de parar la hemorragia (hemostasia) varía en función de la magnitud de la herida y de los instrumentos que tengamos a nuestro alcance. En general suele ser conveniente ejercer presión sobre la herida y, si es posible, elevar la zona afectada más alta que el corazón.

Cuando las lesiones se han producido en vasos de calibre medio, esto suele bastar. En lo posible aplicaremos sobre la herida compresas estériles, o si no una pieza de ropa limpia superponiendo un vendaje de compresión. Una vez que este apósito se empapa de sangre no debe ser retirado: se ponen sobre él más compresas y más vendaje.

En casos de sangrado muy abundante de brazo o pierna, cabe presionar sobre el tronco arterial principal para taponarlo sobre el hueso y detener el flujo de sangre.

Para lesiones en las extremidades superiores, se comprimirá la arteria braquial en un área intermedia entre el codo y la axila, en la cara interna del brazo. Si la herida está en los miembros inferiores, la arteria femoral se puede presionar en el medio del pliegue inguinal, en el lugar en que la arteria cruza el hueso de la pelvis.

Clase de vasos

 

Para saber si una herida es de una arteria o de una vena hay que fijarse en el color y en la forma en que fluye la sangre. Si es sangre roja brillante y sale a borbotones, la lesión es arterial. Si lo que vemos es un flujo continuo de sangre de un tono rojo oscuro, la lesión es de una vena. Si el vaso afectado es una arteria principal, el paciente podría morir desangrado en un minuto. Revisten menor gravedad las lesiones de arterias de calibre medio y las lesiones venosas, pero pueden resultar fatales si no son tratadas convenientemente.