ARTE

El arte paleocristiano

La predicación de los primeros apóstoles difundió pronto el cristianismo por el Mediterráneo oriental hasta llegar a Roma. Aunque Nerón, Trajano y otros emperadores ordenaron ocasionalmente hostigar a los cristianos, las persecuciones sistemáticas se produjeron en tiempos de Decio (201-251) y Diocleciano (245-313), cuando los seguidores de la nueva religión ya se habían constituido en un grupo de gran influencia. Las formas primigenias del arte paleocristiano se gestaron en este periodo, hasta la implantación definitiva del cristianismo, que se produjo con el Edicto de Milán, del año 313, en el que Constantino I el Grande (280-337) declaró la fe cristiana como religión oficial del Imperio.

La arquitectura

Las primeras construcciones propias del arte paleocristiano fueron las catacumbas. Se trataba de intrincadas galerías subterráneas en las que se situaban los nichos destinados a los enterramientos, a veces decorados con pinturas murales y sarcófagos con relieves. Las principales catacumbas se hallaban en Roma. Destacan entre ellas las de San Calixto, las de Domitila, las de Priscila y el hipogeo de los Flavios.

Una vez oficializado el cristianismo por Constantino I se construyeron las primeras basílicas cristianas. Se trataba de adaptaciones de las romanas y en ellas el ábside solía situarse en uno de los laterales cortos, generalmente tras la nave central. La más célebre era la basílica Constantiniana, sobre la que se construyó la actual iglesia de San Juan de Letrán, y que estaba decorada con mármoles policromados y estatuas de plata.

También se levantaban edificaciones sobre los lugares en los que habían recibido muerte o habían sido enterrados los mártires. Estas construcciones, llamadas martyria, sirvieron de base para la construcción de los coemeteria sublevata, o cementerios cubiertos. Sobre el más importante coemeterium se levantó en Roma la basílica de San Pedro.

 

Vista de la cubícula de Cristo Orfeo, catacumbas de Domitila, en Roma.

El clasicismo paleocristiano

Las formas arquitectónicas del primer cristianismo tuvieron en los siglos IV y V un periodo clásico, en el que se equilibraron las proporciones y se intentó recuperar la herencia grecorromana. De este periodo, a cuyo impulso colaboró decisivamente el papa Sixto III (m. en el año 440), datan las iglesias de San Pablo Extramuros, San Esteban Redondo y Santa María la Mayor. Esta última constituye una de las mejores muestras del clasicismo paleocristiano por la armónica distribución de sus proporciones interiores, definidas por sendas columnatas jónicas que separan las tres naves.

La iconografía

En los relieves y pinturas que decoraban las catacumbas era frecuente el motivo de El Buen Pastor, joven con un cordero a cuestas que simboliza a Cristo con el alma cristiana. Eran asimismo habituales las escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento (Noé en el arca, Jonás y la ballena, la resurrección de Lázaro, etc.).

La figura de Cristo sólo se representaba de forma alegórica, como pastor o como filósofo que comunica la sabiduría. Las escenas de la Pasión y la Crucifixión, que serían habituales en la iconografía medieval, no se utilizan hasta bien entrado el siglo VI, aunque sí aparece la cruz como símbolo desde un primer momento.

En cuanto a la estética pictórica y del relieve, los artistas se centraban en la transmisión del mensaje y en la comunicación del contenido de la fe, dejando en segundo término los elementos decorativos de los relieves y la pintura tardorromanos.

Mosaico del ábside de la iglesia de Santa Pudenciana(siglo IV), Roma.

La primitiva basílica de San Pedro

Sobre un coemeterium se levantó en Roma la primera basílica de San Pedro, donde se guardaban los restos del apóstol fundador de la iglesia. El simbolismo de la edificación hizo que en este caso se superaran las dimensiones y la riqueza ornamental de las edificaciones religiosas de la época. La tumba de San Pedro estaba ya señalada por un baldaquino de columnas retorcidas y pámpanos, que serviría como inspiración a Bernini para realizar el gran baldaquino de la grandiosa basílica construida sobre la primera en el siglo XVI.

 

Las edificaciones paleocristianas

El Buen Pastor, según un detalle del relieve de un sarcófago paleocristiano.

Iglesia de la Natividad:

Contaba con un octógono perforado a través del cual podía contemplarse la gruta en la que, según la tradición, nació Jesús.

Iglesia del Santo Sepulcro:

Construida en el 335, quedaba cubierta por un baldaquino la cámara donde fue enterrado Jesús.

 

El arte del mosaico

Tras la austeridad del primitivo arte paleocristiano, a partir del siglo V se produce una recuperación de la técnica del mosaico, muy cultivada por los romanos y que hasta entonces se había empleado con propósito decorativo. El mosaico paleocristiano reproduce figuras de Cristo, de la Virgen o de los santos, con teselas policromadas. La técnica y los motivos hallarían su culminación en las diversas manifestaciones del arte bizantino.