El arte prerrománico
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Arte carolingio
Las luchas internas por el poder de los reyes merovingios, entre los que destacó Clodoveo (466-511), concluyeron con la unificación de Pipino el Breve (777-810), quien se convirtió en rey de todos los francos.
Su hijo, Carlomagno (724-814), extendió el poder franco y fue coronado por el papa León III (m. en el 816) como cabeza del sacro imperio romano. En consecuencia, las manifestaciones del arte carolingio tuvieron como rasgos esenciales la religiosidad y la asimilación de la cultura romana, de las que el emperador era garante.
La principal aportación arquitectónica del arte carolingio fue la construcción de iglesias con planta basilical, a la que se incorporaba un cuerpo occidental, formado por un vestíbulo o nártex, en la planta baja, y una tribuna-iglesia menor en la planta alta, destinada al culto imperial o al coro.Tal distribución sería el origen de las iglesias medievales románicas y góticas.También corresponde a Carlomagno la fijación de la Regula Benedicti, o regla benedictina, adoptada por San Benito de Nursia (h. 480-543) e implantada en el imperio carolingio como pauta de construcción y organización de los monasterios, que presentarían a través de ella una notable unidad formal.
La miniatura otonianaAunque muy vinculado al carolingio, el arte otoniano presenta características propias, en especial en el campo de la miniatura. Las miniaturas de la época de los Otones (s. XXII) incorporaban diversas aportaciones bizantinas y decoraciones abstractas de origen nórdico. Destacan el Códice de Egberto (h. 960) y el Evangeliario de Otón III (1002).
Inicial en letra carolina del Codex Bindobonensis (958), Biblioteca Nacional de Austria.
El arte visigodo
Como en el resto de los pueblos procedentes de Centroeuropa, las más significativas manifestaciones artísticas visigodas fueron las denominadas suntuarias y, especialmente, las de orfebrería. Entre los motivos más frecuentes cabe citar las hebillas, las fíbulas, las cruces y las coronas de oro.
En la arquitectura, las construcciones visigodas que han perdurado son iglesias construidas tras la conversión de Recaredo (m. en el 602) al catolicismo a finales del siglo VI, renegando del arrianismo que practicaron hasta entonces los visigodos.
Las construcciones eclesiásticas visigodas se caracterizaron por el uso del arco de herradura y de la planta basilical o cruciforme, a menudo con ábsides enfrentados, correspondientes tal vez a la celebración de una liturgia dialogada.Entre las muestras más notables destacan las iglesias de San Juan de Baños, en Palencia, San Pedro de la Nave, en Zamora, y Santa Comba de Bande, en Orense.
Broche visigodo (Museo de los Concilios y de la Cultura Visigótica, Toledo).
La arquitectura eclesiástica asturiana
A raíz del descubrimiento del supuesto sepulcro del apóstol Santiago en Santiago de Compostela, se produjo en el reino de Asturias un gran auge de la arquitectura religiosa, de inspiración netamente visigótica. Durante los reinados de Alfonso II el Casto (m. en el 842) y Ramiro I (791-850) se levantaron en toda Asturias iglesias como las de San Salvador de Valdediós, San Miguel de Lillo, Santullano de los Prados o Santa Cristina de Lena, y conjuntos palaciales como el de Santa María del Naranco.
En Oviedo, Alfonso II quiso emular la capital visigoda, Toledo, y construyó una gran basílica con doce altares laterales para el culto a los apóstoles y un palacio del que sólo se conserva su capilla, la Cámara Santa.
Aula regia del palacio de Santa María del Naranco, (842-850), Asturias.
Iglesia de San Juan de Baños (661), Palencia.
La caligrafía carolingia
En monasterios y abadías se fundaron escritorios y escuelas de caligrafía que dieron lugar a la creación de un estilo caligráfico propio de la época de Carlomagno. Este estilo incorporaba elementos de la iconografía paleocristiana y creó la llamada letra carolina, que mantendría su vigencia hasta la eclosión de la caligrafía gótica.
La arquitectura de repoblación
Así se denomina a las edificaciones religiosas que los cristianos hallaron en pie y restauraron tras la reconquista del valle del Duero a los árabes. Estas construcciones, entre las que se cuentan los monasterios de San Miguel de la Escalada y Santiago de Peñalba, en León, se calificaron durante mucho tiempo como mozárabes, es decir, levantadas por cristianos en territorio dominado por el islam. Recientemente, sin embargo, se ha modificado su denominación, por considerarse que los mozárabes no intervinieron de forma clara en su planteamiento.
