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Reportajes
Saint-Malo, ciudad de corsarios







Saint-Malo es un municipio del departamento de Ille-et-Vilaine, en Bretaña (Francia). Situada cerca del canal de la Mancha, en la desembocadura del río Rance, es una ciudad amurallada de gran valor histórico, además de ser un importante centro turístico y zona portuaria, con el añadido de albergar el terminal del ferry que comunica Saint-Malo con Portsmouth (Gran Bretaña).
2008/06/27
Aunque esta ciudad data del siglo VI, la mayor parte de sus edificios son réplicas modernas de los originales, construidas durante la década de 1950, al ser destruidos los primeros por completo durante la Segunda Guerra Mundial.
Las murallas constituyen uno de los mayores atractivos de la ciudad. Se comenzaron a construir en el siglo XII y no se terminaron en su totalidad hasta el siglo XVIII. Tienen un perímetro de dos kilómetros y se alzaron para poder protegerse de corsarios e invasores. Es uno de los pocos monumentos que se salvaron de la citada destrucción en la Segunda Guerra Mundial. En dicho conflicto Saint-Malo fue centro de operaciones durante la ocupación alemana de Francia y constituyó un encarnizado foco de resistencia frente a los ataques de los aliados en agosto de 1944, lo que provocó su bombardeo hasta su rendición.
Las citadas murallas están levantadas al lado de un enorme puerto en torno al cual se desarrolla la importante historia naval con la que cuenta la ciudad: sin ir más lejos allí nacieron marinos tan famosos como Jacques Cartier (1491-1557) y René Duguay-Trouin (1673-1736). El primero realizó tres expediciones a Canadá para explorar sus costas.
Además, Saint Malo se hizo muy famosa en 1590 ya que bajo el lema "¡Ni franceses ni bretones, sino corsarios!" sus habitantes la declararon república independiente. Pero esta situación sólo duró cuatro años; no obstante, aquello fue suficiente para que desde entonces Saint-Malo fuese conocida como "La Ciudad de los Corsarios".
Dentro del casco antiguo, se alza la catedral Saint Vincent construida durante siete siglos, del XI al XVIII, y que no fue finalizada hasta la colocación de la aguja en 1987. La catedral recoge una excelente colección de vidrieras medievales y modernas. En julio y agosto, también alberga conciertos de música clásica. En el interior se haya enterrado Jacques Cartier.
También es de destacar la estatua que recuerda a Robert Surcouf (1773-1827), el gran corsario de Saint-Malo al servicio de Francia, que bajo el mandato de Napoleón I saqueó decenas de barcos, muchos de ellos ingleses.
Otra nombre ilustre que salió de Saint-Malo y cuyos restos se encuentran enterrados en la isla llamada Grand-Bé situada frente a la ciudad fue el de François-René de Chateaubriand: político, escritor romántico y genio de la prosa poética. La isla se puede visitar en marea baja sin necesidad de embarcación alguna.
Respecto a los edificios civiles, el más importante de la ciudad es el castillo en forma de cuadrilátero mandado a construir por la esposa de Luis XII en 1488 y del cual se tiene una magnífica visión desde la playa grande. De cara al castillo se halla una de las fortalezas mejor preservadas de la bahía de Saint-Malo: Le Fort National. Fue construida por los arquitectos Vauban y Garangeau en 1689 en granito y aún se pueden contemplar los calabozos, los arsenales además de una magnífica vista de la ciudad.
Otros atractivos de Saint-Malo son las plácidas playas al sur del casco antiguo y la costa que continúa hacia el nordeste. Las playas bien protegidas de Saint-Malo gozan de un clima suave y un viento muy constante, con lo que es posible disfrutar plenamente de los deportes náuticos. Esta zona presenta una de las más altas variaciones de mareas del mundo, así que, en marea baja uno tiene que darse un buen paseo para llegar al agua.
(Fotos: 1: www.raphaelpooser.com; 2, 3, 4, 5: commons.wikimedia.org; 6, 7: www.saint-malo.fr)
