Contaminación medioambiental
Hace unas décadas era impensable que el desarrollo económico pudiera afectar tan negativamente a la naturaleza como para llegar a representar un serio problema. Al principio, los efectos sólo alcanzaban a las ciudades y áreas industriales, pero a finales de este siglo las consecuencias de la actividad humana han hecho mella en el aire, el agua y el suelo. Hoy la contaminación provoca importantes daños en la salud humana, los seres vivos y el entorno.
Diariamente, oímos hablar de la lluvia ácida, el agujero de la capa de ozono, la deforestación, las mareas negras o la contaminación de nuestros ríos y costas. Son los problemas medioambientales que nos afectan. Por ello, debemos conocerlos y saber qué podemos hacer para solucionarlos.
La contaminación del aire
Los seres vivos dependemos del aire para vivir. Su contaminación ocasiona efectos negativos, que pueden valorarse a corto plazo, como los daños en la salud humana, o a largo plazo, como el cambio climático.
El efecto invernadero natural y el artificial
Existe un efecto invernadero natural en la atmósfera que posibilita la existencia de vida en la Tierra. El dióxido de carbono o CO2 es un gas que se presenta de forma natural en la atmósfera, al igual que otros componentes gaseosos, como el oxígeno o el nitrógeno, y tiene la capacidad de absorber calor. En la actualidad, las actividades humanas (calefacciones, vehículos, industrias...) incrementan su concentración, lo que deriva en un aumento de la temperatura de la Tierra. Este calentamiento excesivo se conoce como efecto invernadero artificial y sus repercusiones son muy importantes a nivel global, entre las que se encuentra el cambio climático.
El cambio climático
Las distintas glaciaciones dividen la historia de la Tierra en períodos interglaciales. Las diferencias de temperatura entre estos períodos son de 5 o 6 ºC, suficiente para producir un cambio drástico en el mantenimiento de la vida del planeta. Si la temperatura de la atmósfera se sigue incrementado al ritmo actual (de 0,3 ºC cada diez años y debido al efecto invernadero) muchos científicos consideran que a mediados de siglo estaríamos ante una nueva situación climática, con cambios en las temperaturas, las precipitaciones, los vientos, el nivel de las aguas...
Además del efecto invernadero artificial se están estudiando otras alteraciones importantes en la atmósfera, como la lluvia ácida y la disminución de la capa de ozono, también ocasionadas por actividades humanas.
La lluvia ácida
Existen ciertas actividades industriales que dan lugar a la
emisión de gases que con la acción de la radiación
solar se transforman en compuestos ácidos en la
atmósfera. Estas sustancias se depositan en el suelo y en el
agua en forma de partículas secas o de lluvia si hay humedad, de
ahí el nombre de lluvia ácida. Su elevada acidez afecta
tanto al componente inerte del ecosistema como a los seres vivos,
especialmente si son frágiles o muy susceptibles de alterarse
por cambios en las condiciones ambientales.
Por tanto, esta alteración del aire provoca la contaminación del suelo y del agua, que repercute directamente sobre los seres que habitamos la Tierra.
La disminución de la capa de ozono
La capa de ozono, situada entre los 10 y los 45 kilómetros de la superficie terrestre, cumple la importante misión de absorber las radiaciones ultravioletas procedentes del Sol. Éstas pueden ser muy dañinas para los seres vivos, hasta el punto de considerarse responsables de un gran porcentaje de cánceres de piel y otras enfermedades debido a un exceso de exposición a la luz solar.
El ozono es un gas muy frágil. Se destruye al reaccionar con cloro u otras sustancias emitidas a la atmósfera como consecuencia de la actividad humana. La alteración de la capa de ozono es especialmente grave en la Antártida. Los cristales de cloro que se forman por el frío tienen una mayor capacidad destructiva, hasta el punto que se ha abierto lo que se denomina agujero de la capa de ozono. Este mismo problema se presenta en Suramérica, Australia y Nueva Zelanda. Las últimas investigaciones revelan que el Polo Norte también se ve afectado.
El aire y el ruido en las ciudades
Los grandes núcleos urbanos emiten grandes cantidades de gases contaminantes a la atmósfera, generan ruido y provocan variaciones térmicas en determinadas situaciones meteorológicas.
Las emisiones de gases de los vehículos, calefacciones, centrales energéticas o plantas incineradoras generan episodios de smog o niebla fotoquímica en determinadas situaciones ambientales de clima seco y cálido. Por ello, el verano suele ser la estación en la que las consecuencias de la contaminación son mayores. En el aire se forman sustancias que provocan problemas respiratorios e irritaciones oculares, entre otros trastornos.
La contaminación acústica
Nuestras ciudades son cada día más ruidosas. La contaminación acústica es hoy un hecho que afecta a un elevado número de personas en el mundo. Los medios de transporte, las actividades industriales y de ocio y las construcciones públicas generan niveles de ruido que pueden llegar a provocar distintos problemas de salud dependiendo de la sensibilidad de cada individuo y del ruido que tenga que soportar. Estados de nerviosismo, alteraciones del ritmo cardiaco, insomnio y daños en el aparato auditivo son algunas de las consecuencias de este tipo de contaminación.
El nivel de ruido se mide en decibelios (db). El límite aceptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 65db. A partir de esa cantidad empiezan los problemas, y si se superan los 80 db puede llegar la sordera. Siguiendo la indicación de la OMS, la mayoría de las legislaciones europeas marcan como límite 65 decibelios durante el día y 55 por la noche.
La contaminación del suelo
El suelo sobre el que vivimos se ve alterado por la acción que el hombre ejerce sobre él directa o indirectamente. De forma directa mediante la producción de residuos que no se degradan de manera natural y contaminan la superficie terrestre; y de forma indirecta, por la contaminación de las aguas y el aire.
Provocan la contaminación del suelo:
- La acción de la lluvia ácida. Se cree que la lluvia ácida provoca cambios en el suelo que afectan fundamentalmente a las plantas. Cuando el suelo es más ácido de lo normal debido a estas lluvias, los minerales del suelo se combinan de tal forma que las plantas no pueden absorberlos por sus raíces.
- La erosión y la desertización. Aunque la superficie terrestre se desgasta de forma natural, las actividades humanas contribuyen a que la erosión sea más intensa y culmine en la desertización. El suelo pierde la cubierta vegetal debido a las explotaciones ganaderas y agrícolas o a la construcción de infraestructuras, lo que favorece la erosión por acción del viento y del agua. Además, los residuos y sustancias contaminantes que transportan el agua y el viento acentúan este desgaste.
La erosión hace que el suelo pierda su capacidad de retención de agua de lluvia, que discurre hasta evaporarse o desembocar en el mar. Actualmente más del 30% de la superficie terrestre se encuentra en un proceso erosivo.
