Basajaun
Basajaun es un genio o numen que, en muchos casos, habita en lo más profundo de los bosques o, en otros, en cavernas situadas en lugares altos. Basajaun significa "señor salvaje" y "señor de la selva". Es alto y su cuerpo tiene forma de humano, pero está cubierto de pelo que le llega hasta las rodillas y le cubre la cara, el pecho y el vientre. Uno de sus pies es como el de los hombres, el otro tiene planta circular.
Basajaun es el que protege a los rebaños. Cuando se acerca una tormenta da un grito para avisar a los pastores que retiren su ganado. También evita que el lobo se acerque. Las ovejas anuncian la presencia de Basajaun con una simultánea y colectiva sacudida y con el sonido de sus cencerros. Así, los pastores saben que pueden estar tranquilos, porque esa noche o día, el lobo no irá a molestarlos.
En algunos sitios, Basajaun es representado como un ser maligno, dotado de fuerzas colosales y agilidad extraordinaria.
También algunos relatos populares muestran a Basajaun como el primer agricultor, primer herrero o primer molinero. Los hombres, mediante tretas, obtuvieron de Basajaun la primera semilla de trigo y aprendieron su cultivo. El hombre también le robó el secreto de la fabricación de la sierra, del eje del molino y el del modo de soldar metales.
Los Basajaunes cultivaban trigo en Ataun, en la montaña de Muskia. Un día, un hombre valiente, San Martiniko, fue a visitarles con la intención de quitarles algunas semillas de trigo. Llevaba calzado ancho y retó a los Basajaunes para ver quién atravesaba mejor, de un salto y sin tocar ningún grano, los montones de trigo que tenían en su cueva. Los Basajaunes lo atravesaron fácilmente, pero San Martiniko cayó en medio del montón donde sus abarcas se llenaron de trigo. Luego se despidió y se fue monte abajo. Los Basajaunes se dieron cuenta de que llevaba grano de trigo en su calzado y lanzaron contra él un hacha, su arma arrojadiza, que no alcanzó a Martiniko.
Los hombres ya tenían la semilla de trigo pero no sabían cuando sembrarla. Martiniko volvió a ir a la cueva de los Basajaun y les oyó cantar una canción: "si los hombres supieran esta canción, bien se aprovecharían de ella: al brotar la hoja, siémbrase el maíz; al caer la hoja, siémbrase el trigo; por San Lorenzo, siémbrase el nabo". Después de escuchar eso, San Martiniko sembró las semillas en otoño y en verano obtuvo la primera cosecha de cereal. Y así su cultivo y el uso del pan se extendió por todo el mundo.
Gracias a otra treta, San Martiniko consiguió quitar al Basajaun el secreto de la fabricación de la sierra. Según cuenta la leyenda ocurrió en Oiartzun, allí los Basajaunes fabricaban sierras pero San Martiniko no sabía como hacerlo. Para descubrirlo mandó a su criado a anunciar que ya había fabricado la sierra. Al oír esto, el Basajaun le preguntó si su amo había visto la hoja de castaño, "no la ha visto, pero la verá" contesto el criado. San Martiniko vió la hoja dentada del castaño y labró una lamina de hierro. De noche, Basajaun fue a la herrería de San Martiniko para comprobar si éste había fabricado alguna sierra. Al encontrar una allí, le e torció, alternativamente, a uno y otro lado, los dientes, queriendo así inutilizarla. Pero el resultado fue el contrario, y mejoró la herramienta. Desde entonces se extendió el uso de la sierra en el mundo.
De la misma manera consiguió averiguar San Martiniko, en Kortezubi, como el Basajaun soldaba dos piezas de hierro. Mandó anunciar que había conseguido el procedimiento para unir dos piezas y el Basajaun le preguntó al pregonero si San Martiniko roció con agua arcillosa ambas piezas. El pregonero contestó: "no lo hizó, pero lo hará". Así San Martiniko logró la soldadura del hierro y esa técnica se extendió por todo el mundo.
En Sara, el molino de San Martiniko era de roble y no aguantaba mucho, en cambio, el de Basajaun duraba mucho más. San Martiniko quería saber cómo era ese molino. Esta vez también utilizó el mismo método para averiguarlo: mandó a anunciar que su molino funcionaba perfectamente. El Basajaun dijo, "eso quiere decir que le ha puesto eje de aliso", a lo que el pregonero respondió, "se lo pondrá". Así los hombres pudieron usar sus molinos en todo el mundo.
