El Fuego
El fuego del hogar ha sido considerado como un numen, símbolo de la casa y ofrenda de los antepasados. A él se le piden ciertos favores, como la segunda dentición de los niños, la purificación de aquellos alimentos (agua, pan, café) que se sospecha que están envenenados, la consagración y la incorporación de personas y animales foráneos a la casa.
Cuando uno deseaba que cierta persona ingresara en su casa o en su familia como miembro de la misma (por casamiento o para servicio), procuraba atraerle a su albergue y hacer que diera unas vueltas alrededor del hogar o del fogón de la cocina. Con esto se creía seguro el logro de sus deseos. Así pensaban y practicaban hasta hace poco en Goierri y en Zuberoa.
En muchos lugares, en el momento de apartar del fuego la infusión de café, era costumbre introducir en ella un carbón encendido (Meñaka, Lekeitio, Ataun). También se introducía carbón encendido en el agua que de noche se traía de la fuente. La costumbre de cocer la leche con piedra candentes y de que un enfermo tome vasos del agua que hierve mediante piedras candentes introducidas en ella, aún está vigente en algunas comarcas del país.</p>
El fuego del hogar, según se cree, es bien recibido por los antepasados que habitaron allí y que lo visitan de noche. Asimismo, el fuego de Nochebuena es de singular importancia. En muchos pueblos tienen la costumbre de encender en el hogar un tronco de árbol, al que en Zegama le llaman "gabonzuri". A ese tronco atribuyen virtudes especiales que favorecen a los habitantes y a los animales de la casa donde aquél se halla.
Asimismo, el fuego desempeña un papel muy destacado en los ritos de San Juan. Existe la costumbre de encender fogatas delante de las casas en muchos pueblos de Euskadi. En Sara por ejemplo los hacen, como en otros muchos lugares, en la noche víspera de San Juan, con zarzas y ramaje variado y con unas ramas de laurel bendecidas en la iglesia el día de Ramos. Las personas de la casa rezan el rosario andando alrededor del fuego de modo que tengan ésta a su derecha. A continuación, los jóvenes saltan por encima del fuego y dicen lo siguiente: "ona barnea, gaiztua kanpora". Después lanzan algunos tizones al techo de la casa y a los campos, pues según se cree, esos maderos son benditos. Para terminar, colocan una piedra plana sobre las cenizas y dicen a los niños lo siguiente: "el primero que se levante antes que salga el sol, hallará debajo de la tierra la barba de San Juan".
En Oiartzun, por su parte, hacen fuego con zarzas y después, con manojos de paja encendidos en él, recorren los cultivos cantando en euskara lo siguiente:
"San Juan da, San Juan:
Gure goiko barrutian,
Sorginaren begia galdu da,
Galdu bada gal bedi.
Sekulan agertu ez bedi!"
Ofrendas al fuego del hogar
Al numen del fuego se ofrendan los dientes de la primera dentición de los niños. Y se dice la siguiente frase: "Andre Marie, otson ortz zaarra eta ekatzan berrie" (Señora Mari, toma el diente viejo y dame el nuevo). Esta fórmula supone que el numen fuego es femenino.
Cuando la leche que se está cociendo en el fogón se desborda y cae al fuego, se echa al fuego del hogar salvado de la harina de trigo o de maíz. Se cree que haciendo esto, se evita que alguna enfermedad de la ubre ataque al ganado de la casa. O se mete en la leche de la caldera la punta de un tizón encendido, cerrando rápidamente la puerta de la cocina.
Los carbones del hogar son considerados como benditos. Por eso son utilizados como amuletos para preservar del "begizko" (mal de ojo) a quien los lleve.
Asimismo, para evitar que el agua traída de noche de la fuente situada fuera de la casa perjudique a quien la bebiera, se introduce en ella un tizón encendido del hogar.
