Carnaval
- INFOGRAFÍA: Carnavales vascos
Los Carnavales tienen su origen en la época romana y se celebran sobre todo en lugares de tradición católica, antes de la cuaresma. En Euskal Herria se celebran principalmente dos tipos de Carnavales, los que conservan antiguos elementos simbólicos, y los más modernos. En los del primer grupo se encuentran las mascaradas de Zuberoa y los carnavales de Lantz, por ejemplo. En los del segundo grupo, en cambio, los de Tolosa y los de las grandes ciudades.
Los contrastes entre ambos carnavales son evidentes y hay gran diferencia tanto en su extensión geográfica como en la forma de celebrarlos. En la mayoría de las localidades los Carnavales guardan estrecha relación con el euskera, tal como lo manifiestan los nombres de los personajes de la fiesta.
En Gipuzkoa son los caldereros, vestidos como cíngaros nómadas procedentes de Hungría, los encargados de anunciar los Carnavales. Los grupos cíngaros están representados en Bizkaia en la "Zagi Dantza" de Markina-Xemein; en esta danza dos bailarines representan, uno a un domador y otro a un oso.
El Carnaval rural cuenta todavía con ritos como el de "txantxoak", jóvenes que recorren los caseríos pidiendo alimentos a cambio de danzas y ritos, como en las localidades de Amezketa y Abaltzisketa. La "Eskea", postulación o cuestación, se realizaba justo cuando los beneficios de la matanza de noviembre empezaban a escasear. Era la última oportunidad de celebrar un banquete en invierno.
En Carnaval se realizan danzas que guardan relación directa con antiguos rituales de origen agrícola o de fiestas de primavera, como la "Branlia" en Zuberoa. En los Carnavales de Lantz (Navarra) Carnavales de Lantz se representa la muerte de "Miel Otxin", un bandido que tras ser juzgado por el pueblo es quemado en una hoguera. En Zalduondo (Alava) el personaje sacrificado en la hoguera se conoce como "Markitos" , y en Bizkaia es "Mozolloker". En los pueblos este muñeco recibe distintos nombres: Judas; Criminal, Porrero, Toribio... Muchas veces se considera a estos personajes como símbolo de los males que han ocurrido al pueblo.
El Carnaval, a pesar de haberse mantenido, muchas veces al ambiente rural, se ha conservado, desarrollado y adaptado perfectamente en enclaves urbanos, adquiriendo más fuerza y vida si cabe. Un ejemplo de ello es Tolosa que superando épocas duras y de represión, conservó su Carnaval contra viento y marea. Tolosa es un gran disfraz, desde la simple "chilaba" hasta el más sofisticado que se pueda uno imaginar. Feria taurina, desfiles de carrozas y comparsas, concurso etc. hacen de Tolosa el carnaval urbano de referencia.
Maskaradak de Zuberoa, Carnaval rural
Las representaciones y farsas carnavalescas tienen su máxima expresión en las mascaradas invernales del territorio de Zuberoa. En éstas se entremezclan danzas itinerantes, juegos, bromas, indumentaria llamativa y en contraposición ropas viejas, cuestación, participación popular, exhibición, simulacro de oficios y razas marginales, lenguajes variados y satíricos, y música.
Cada año los vecinos de un pueblo, a veces apoyados con gente de fuera del mismo, preparan y ensayan el repertorio completo para ofrecerlo durante cuatro meses, más o menos, cada domingo en una localidad diferente del valle.
El cortejo se halla dividido en dos bandos, prácticamente antagónicos. Los rojos, Gorriak, elegantemente vestidos, ordenados y exquisitos en sus pasos y movimientos de danza. Los negros, Beltzak, desordenados, con ropas andrajosas, incordiando a los transeuntes, vociferando y hablando, en otros tiempos, en lengua bearnesa u occitana.
Por la mañana recorren el centro del pueblo, son agasajados por los anfitriones y se suceden las "Barrikadak", mezcla de cuestación y enfrentamiento pacífico de danza, en la que son obsequiados, después de ejecutar la danza, con aperitivos salados y dulces, refrescos y licores.
Las danzas de los personajes centrales, "Txerrero", "Gathuzain", "Zamaltzain", "Kantiniertsa" y "Banderari" se suceden intermitentemente, gravitando entre muriskas y antrixat ante los espectantes ojos de Jauna y Anderea (señor y señora). Mientras, los negros, Caldereros y Gitanos, se avalanzan unos sobre otros, se agitan, bromean y ostigan, verbal y corporalmente, al resto del cortejo y público, produciendo hilaridad y más de una carcajada.
