LITERATURA VASCA

Literatura del siglo XVIII

En esta época de la literatura en nuestra comunidad, donde destacan poesía y teatro fundamentalmente, se asientan las bases de lo que es hoy en día la cultura vasca. Literatos como Etxeberri Sarakoa, Larramendi, Kardaberaz, Mogel o Añibarro, entre otros, irán afianzando la historia de nuestra literatura.

Joannes Etxeberri Sarakoa

Etxeberri Sarakoa (Sara, 1668 - Azkoitia, 1749) estudió en Pau, con los jesuitas, y cursó la carrera de medicina. Vivió en Sara y en Bera, donde ejerció como médico. Finalmente, en 1725, después de pasar por Hondarribia, llegó a Azkoitia, donde permaneció veinticuatro años. Tuvo once hijos y fue un escritor muy prolífico, el segundo no religioso de la literatura vasca. Según comenta en su obra, antes de morir conoció a Larramendi.

Etxeberri Sarakoa era un gran amante del euskara. Por ello, resulta extraño que su obra haya permanecido en el anonimato hasta hace treinta años. De hecho, si hoy conocemos a este autor es por casualidad. Urkijo, movido por una duda, se dirigió a la biblioteca de los franciscanos de Zarautz, y allí encontró, con gran sorpresa, los libros de Etxeberri Sarakoa.

Etxeberri Sarakoa escribió numerosas obras entre las que destacan:

  • Lau-Urdiri gomendiozco carta edo guthuna (1718). Oihenart afirmaba que la etimología de Lapurdi era Lapur-di (lugar de ladrones). En cambio, Etxeberri Sarakoa aseguraba que era Lau-urdi (los cuatro ríos). En esta obra, el autor dirige una carta (Gomendiozco carta) a la Junta General de Lapurdi, pidiendo dinero para editar una gramática y un diccionario del euskara. El libro se compone de tres breves partes y de un prólogo de 23 páginas sobre el origen de las lenguas.
  • Escual herriari eta escualdun guztiei euscuarazco hatsapenac latin ikasteko (1712). Es una gramática para aprender latín en euskara, pero parece más bien una gramática para aprender euskara en latín.
  • Diccionario cuatrilingüe (1712). Realizado en cuatro idiomas: euskara, castellano, francés y latín. Se sabe que le prestó este diccionario a Larramendi, y actualmente se desconoce su paradero.
  • Gazteriari (1718). En este discurso se pone de manifiesto como uno de los problemas de la época, es la poca preparación de la juventud. El objetivo del mismo es fomentar el interés por el estudio, mostrándose el autor a favor de la sabiduría y contrario a la ignorancia.

Varios expertos aseguran que Etxeberri Sarakoa es el mejor escritor labortano del siglo XVIII. Su prosa es muy agradable, elegante y fácil de leer. Además, se preocupa por lograr un euskara unificado, así propone que se use como modelo el habla de Axular (siglo XVII).

Lizarraga de Elkano

Joaquin de Lizarraga nació en el caserío Miguelena de Elkano, en 1748. Pertenecía a una familia numerosa; su tío, rector del pueblo, le enseñó gramática y latín, por lo que no tuvo que ir a la escuela. Estudió humanidades y cuando finalizó, en 1763 se trasladó a Villa García de Campos (Palencia), donde realizó el noviciado.

En 1767, los jesuitas fueron expulsados del País Vasco. Lizarraga se encaminó hacia Santander, pero cuando se enteró de que su madre había enviudado decidió volver a Elkano. Más adelante estudió filosofía y se ordenó sacerdote, a la edad de veintitrés años. Cuando murió el rector del pueblo, ocupó su lugar de forma provisional. Una provisionalidad que se prolongó durante sesenta y cinco años. El 20 de enero de 1835 murió en el mismo caserío donde había nacido.

Su obra tiene como título Obrachoarèn Aguintza ta Itzaurrea, y fue escrita en 1803 como prólogo a otra obra. Veamos un fragmento:

"O Jesús, artzai gucién Artzái-búru ta Principe Jauna, bere ódol preciosoarén cóstus erosituena adi christioac, ceñén guardátzeco ta acitzeco cárgua artudúgun gaudénec ezin jasis gueurén carga própioa, ta esxatucobaitigu beras contu ayétas ta pagaruduén précioas!"

Etxeberri Sarakoa

Etxeberri Sarakoa era un gran amante del euskara. Por ello, resulta extraño que su obra haya permanecido en el anonimato hasta hace treinta años. De hecho, si hoy conocemos a este autor es por casualidad. Urkijo, movido por una duda, se dirigió a la biblioteca de los franciscanos de Zarautz, y allí encontró, con gran sorpresa, los libros de Etxeberri Sarakoa.