LITERATURA VASCA

Raimundo Olabide (1869-1942)

Raimundo Germán Olabide Karrera, escritor vasco y sacerdote, nació en Gasteiz el 15 de marzo de 1869. Sus padres le enviaron a estudiar al colegio de los jesuitas de Orduña y, cuando terminó el bachillerato, ingresó en el noviciado de Loiola con 15 años. Allí estudió Gramática, Humanidades y Retórica.

El largo camino hacia el sacerdocio en la Compañía de Jesús

Una vez culminados estos estudios, continuó estudios de Filosofía en Beruela y Tortosa. Una vez graduado, sus superiores le destinaron a Gijón, donde estuvo tres años enseñando asignaturas de ciencias. En esa época se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, superando en un solo curso todas las asignaturas. De Gijón fue a Valladolid de profesor de latín y griego.

Raimundo Olabide

En esa misma época, con 27 años empezó a aprender euskera por su cuenta. En el curso 1897-1898 se fue a Oña para ser profesor de Ciencias Naturales de los estudiantes de Filosofía y estudiar Teología. En 1902 se ordenó sacerdote y celebró su primera misa.

Comienza a publicar obras en euskera y a investigar el euskera

Una vez ordenado sacerdote, le destinaron de nuevo de profesor a Gijón y permaneció allí hasta 1906. Después de pasar seis años en Gijón, fue destinado a La Guardia (Pontevedra) donde elaboró y publicó su primera obra en euskera. En 1914 dio a conocer el trabajo que calladamente había desarrollado hasta entonces al publicar Loyola-tar Eneko Deunaren Gogo-Iñardunak, San Inazioren Ejertzizioak. En 1916 le destinaron a Valladolid, y al año siguiente publicó su segunda obra titulada Giza-soña [El cuerpo humano], un diccionario de casi 7.000 palabras.

Académico de número de Euskaltzaindia

En 1918, cuando se fundó Euskaltzaindia, Olabide presentó un trabajo sobre Lexicología y Lexicografía en español cuyo resumen en euskera fue publicado en la revista Euskal-Esnalea en 1919. En ese año volvió al colegio de Orduña, pero esta vez como profesor. Fue elegido académico de número de Euskaltzaindia en la reunión que esta institución celebró en Donostia el 21 de setiembre de 1919 y en esa época publicó la traducción al euskera del Kempis o Imitación de Cristo con el título Kisto?ren Antz-bidea.

La traducción de la Biblia

Dedicó diez años a traducir el Nuevo Testamento, publicándose esta obra en Bilbao en 1931. Desarrolló un trabajo enorme y, con la finalidad de realizar más cómodamente la corrección de pruebas de imprenta de esta obra, se fue a vivir a Orduña. Le puso como título Itun Berria. La traducción del Nuevo Testamento tuvo mucho éxito. De acuerdo con los expertos de aquel tiempo, era un trabajo muy bueno y tenía un euskera muy rico.

Clandestinidad, guerra, exilio y fallecimiento

Aunque en 1932 el Gobierno de España expulsó a los jesuitas, Olabide se quedó en Bilbao. Algo más tarde estuvo escondido en Arantzazu y de allí se fue a Gernika el 20 de mayo de 1935. Aunque la guerra le sorprendió allí, consiguió salvar sus escritos. En el curso 1937-1938 residió en Toulouse y después de terminada la guerra no volvió a Euskal Herria, continuó trabajando para traducir toda la Biblia. Falleció en un accidente el 9 de setiembre de 1942. Sin embargo, dejó la Biblia traducida en su totalidad, a falta únicamente de los últimos retoques y algunas notas. El jesuita Patxi Etxeberria recibió el encargo de concluir el trabajo y en 1958 se publicó bajo el título de Itun zâr eta Berria.

Biblia

Itun Zâr eta Berria

La crítica de Koldo Mitxelena

Koldo Mitxelena escribió un comentario a Itun Zâr eta Berria de Olabide en el número de abril de 1959 de la revista Egan, en el cual manifestaba con claridad los aspectos de la obra que le habían satisfecho y aquellos que no le habían parecido tan buenos.

Por ejemplo, decía:

Iñolaz ere, euskaldun batek letra-saillean iñoiz burutu duen egitekorik larrienetakoa da eta are larriagoa agertzen zaigu euskaldun berri batek egin zuela gogoratzean. Itzuli ere etzuen nolanai egin, gogo beroz, arreta andiz eta jakite ugariz baizik.

[Seguramente, es la tarea de mayor dimensión que un euskaldun haya culminado jamás en el campo de las letras y se nos muestra aún mayor si recordamos que está escrita por alguien que ha aprendido el euskera como segunda lengua. La traducción no la hizo tampoco de cualquier manera, sino con espíritu ardiente, muy cuidadosamente y gran conocimiento de causa].

Las cosas que no agradaron tanto a Mitxelena eran del ámbito del uso de la lengua: el no haber tomado en consideración la tradición en cuanto a ortografía, el que algunas veces recurra demasiado a arcaísmos y localismos y el que, por el afán de escapar de préstamos bien enraizados, haga uso de neologismos sin ninguna tradición.