LITERATURA VASCA

Julio Urkijo Ibarra (1871-1950)

Julio Urkijo Ibarra nació en Deusto el 3 de abril de 1871, en la casa "La Cava" construida por su abuelo. Sus padres provenían de familias carlistas, los Ospin-Urkijo, de linaje noble, con título y juristas; los Ibarra, eran gente importante del mundo de la industria y del comercio.

Comenzó sus estudios en el Instituto de Bilbao y sus profesores Roman Biel y Tomás Escriche Miel fueron quienes despertaron su interés hacia el euskera. Sin embargo, fue Resurrección María Azcue, por aquel entonces capellán de las familias de "La Cava", quien le impulsó a sumergirse en el mundo del euskera.

Julio Urkijo

Julio Urkijo Ibarra

Comenzó los estudios de Derecho en la recién construida Universidad de Deusto y, debido a su interés por la lingüística, también tomó clases de griego. En 1892 se diplomó en Derecho Canónico y Civil. Dos años después, se casó con Vicenta Olazabal Alvarez de Eulate y se marchó a vivir a San Juan de Luz, donde vivió durante más de veinte años.

Crítico con la lingüística

Según Michelena, a pesar sus ideas reaccionarias en cuestiones políticas, Urkijo es uno de los lingüistas más críticos que ha tenido el euskera. Aunque estaba orgulloso de las tradiciones vascas y de la universalidad del euskara, durante sus investigaciones sobre la lengua se mostró favorable a los nuevos caminos emprendidos por los investigadores extranjeros.

Cuando en 1867 se creó la Revue de Linguistique et Philologie comparée, Urkijo tuvo la oportunidad de profundizar en las líneas generales de la lingüística en Europa y se convirtió en un xenófilo de la investigación del euskera; es decir, daba por mejores las teorías de algunos investigadores extranjeros. Esto le supuso más de una discusión con sus contemporáneos. Por otra parte, también conocía las lenguas alemana y francesa. Precisamente, de la misma manera que reconocía la importancia de atraer a lingüistas extranjeros para investigar sobre nuestra lengua, Urkijo defendía la necesidad de que nuestros lingüistas conocieran las investigaciones realizadas en el extranjero.

RIEV

En estas circunstacias, Urquijo saca a la luz en 1907 la Revista Internacional de Estudios Vascos, RIEV. Esta nueva revista tenía dos grandes objetivos: impulsar nuevas investigaciones, cuidando estrictamente la calidad de los trabajos, y ofrecer a los investigadores vascos textos clásicos necesarios para poder realizar trabajos de investigación. Cuando fue publicado el primer ejemplar, Urquijo estaba de viaje con Carlos VII; George Lacombe trabajó como secretario durante esos días. Cuando volvió de Egipto en 1908, tuvo problemas tanto con Lacombe como con la imprenta; Urquijo exigía un gran cuidado en la calidad del trabajo y de la impresión.

A pesar de que los objetivos marcados se cumplieron con éxito, RIEV, el mejor escaparate de nuestra cultura y nuestra ciencia, desapareció en 1936. Por otro lado, Urkijo también fue el fundador de la revista científica Euskalerriaren alde en 1911.

Las investigaciones de Urkijo

Junto con Azkue y Arantzadi, Urkijo forma parte de un generación crítica, que gracias a las nuevas técnicas quiere construir la lingüística vasca sobre unas bases firmes. Él nunca se definía como filólogo, sin embargo, según René Lafon, tanto sus trabajos como esos prólogos tan críticos que ha añadido a tantas publicaciones demuestran que fue un gran filólogo.

Bibliófilo desde muy joven, Urkijo llegó a ser el mayor bibliógrafo vasco. En 1905 publicó sus primeros trabajos sobre bibliografía vasca, valiéndose de los libros antiguos que iba encontrando. Mientras tanto, escribía artículos sobre bibliografía y lingüística vasca en El Correo de Guipuzcoa, Euskal-Erria, Revue de Linguistique, RIEV y en algunas otras publicaciones.

Sin embargo, su trabajo preferido era el estudio de refranes. Publicó, entre otros, Los refranes vascos de Sauguis traducidos y anotados (1909) y Los refranes y sentencias de 1596. Estudio comparativo (1911). Además, investigó acerca de los dialectos durante un tiempo. En 1914 deja San Juan de Luz y se marcha a vivir a Donostia. Siguió pronunciando discursos y escribiendo artículos en El Pueblo Vasco y La Gaceta del Norte de Bilbao.

Entre sus obras más significativas se encuentran La Crónica de Ibargüen Cachopín y el Canto de Lelo (1922), La Cruz de Sangre. El Cura Santa Cruz (1928), Los Amigos del País, según cartas y otros documentos inéditos del siglo XVIII (1929), De algunos problemas de interés general que suscita el euskera (1929). Pero su libro más querido será Un juicio sujeto a revisión. Menéndez Pelayo y los Caballeritos de Azcoitia (1925).

La biblioteca de Urkijo

Después de toda una vida siguiendo el rastro de los libros antíguos, Urkijo ha conseguido recopilar un inmenso tesoro: 7.549 libros, 1.427 manuscritos, 273 publicacioness y otros 1268 documentos, en total, 10822 ejemplares.

Ya a la edad de diecisiete años, pidió a Bonaparte los libros que éste había publicado. Recorrio Euskal Herria de cabo a rabo con el fin de conseguir libros que estaban a punto de perderse o que él estimaba mucho. Según dicen, la colección de libros de Urkijo cuenta, entre otras muchas joyas, con seis ejemplares de la primera publicación de Gero. No aparecen incunables pero cuenta con 200 libros vascos entre 1548 y 1799, la mayoría de autores de Euskal Herria Norte.

Hoy en día la biblioteca de Urkijo está en manos de la Diputación Foral de Gipuzkoa, que se la compró a su viuda Vicenta Olazabal por 1.400.000 pesetas.

Urkijo, miembro de Euskaltzaindia

El 25 de abril de 1906, Adolfo-Gabriel Urkijo, hermano de Julio y presidente de la Diputación de Bizkaia, propuso la creación de una Academia vasca. Pero el proyecto no se llevo a cabo porque la Diputación de Araba rechazo la propuesta. A pesar de ello, un grupo de vascólogos en Baiona decidió crear en 1911 el Cercle d'Etudes Euskariennes, similar a la Academia del euskera. En la primera reunión nombraron a Julio Urkijo presidente de la institución.

En el congreso de Eusko Ikaskuntza celebrado en Oñati en 1918, el proyecto de Euskaltzaindia logró una aceptación unánime y se nombraron a los primeros miembros de la Academia: Azkue, Kanpion, Urkijo y Eleizalde. En 1919 le adjudicaron el cargo de bibliotecario y en 1920 le nombraron Director de la Sección de Investigación. Además fue vicepresidente de Eusko Ikaskuntza hasta 1930. En 1926, se propuso la entrada de dos representantes del euskera en la Real Academia Española y esos dos fueron Azkue y Urkijo.

Cuando Urkijo muere el 30 de octubre de 1950, Luis Villasante ocupará su sillón en Euskaltzaindia.

Ignacio Urkijo Olano, sobrino de Julio

Ignacio Urkijo

Ignacio Urkijo Olano

Ignacio Urkijo Olano nació en Bilbao el 26 de febrero de 1907 y falleció en Markina Xemein el 16 de enero de 2002. Era conde de Urkijo y Ospin-Urkijo y miembro de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Era hijo de un hermano, Jos eacute Mar iacute a, de Julio Urkijo. Su padre fue fundador del diario La Gaceta del Norte . Después de estudiar Derecho en la Universidad de Deusto, amplió estudios en Francia e Inglaterra. Fue uno de los fundadores y primer presidente del Instituto Vascongado de Cultura Hispánica en 1942 y presidente de honor más tarde. Fue vicepresidente de la Junta de Cultura de Bizkaia y presidente del Ateneo de Bilbao. Participó en 1945 en la refundación de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y más tarde fue director de la misma. En 1957 fue nombrado embajador de España en Ecuador. Fue académico correspondiente de Euskaltzaindia desde 1957, miembro de la Real Academia Española de la Historia y de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.

 

La biblioteca de Julio Urkijo en la guerra de 1936

En la guerra de 1936, inicialmente, el alzamiento no triunfó en Donostia. Urkijo al ser diputado tradicionalista en Cortes, temeroso de la venganza de cierta gente de izquierdas, tuvo que huir de la ciudad. Su casa estaba amenazada y su biblioteca de 14.000 volúmenes muy selectos estaba en serio peligro. Miembros de la Sociedad de Estudios Vascos, por medio de Manuel Irujo, le pusieron al corriente de la situación al secretario de la Diputación de Gipuzkoa, Leizaola, quien con el pretexto de incautar esos bienes ordenó a los miqueletes que los pusieran a salvo en el palacio de la Diputación.

Después de que Julio Urkijo falleciera en 1950 la Diputación compró la biblioteca y hoy en día se conserva en el Centro Cultural Koldo Mitxelena.