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Vascólogos hasta el s. XIX

Larramendi confesor de la reina

Cuando murió Felipe IV, rey de España, en 1665, su hijo Carlos II sólo tenía cuatro años y era un niño enfermizo. Salió adelante gracias a los cuidados que tuvo. Sin embargo, además de ser frágil, tenía poca capacidad intelectual. A los nueve años no sabía leer ni escribir. A pesar de ello, le encontraron una novia: María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV de Francia. Se casaron cuando tenían 17 años. Al no tener descendencia, en vez de achacarlo a la impotencia del rey, dijeron que la reina no podía tener hijos. Le obligaron tomar miles de remedios o supuestos remedios pero, en vez de quedarse embarazada, enfermó y murió a los 27 años, supuestamente envenenada. Pronto le encontraron otra esposa: María Ana de Neuburgo, a pesar de saber que con ese rey le sería imposible tener descendencia. Todos en la Corte, incluídas la madre del rey y la nueva esposa, conspiraban a favor de un nuevo heredero a la Corona. Los candidatos eran Felipe de Francia y Carlos de Austria. Además, la reina, para mantener su posición, informó acerca de su nuevo embarazo. En esta situación, Portocarrero, el cardenal de Toledo, comenzó a difundir que el rey estaba hechizado. El propio rey creyó que ésa era la razón de su incapacidad para tener hijos y aceptó ponerse en manos de un exorcista traído por uno de los bandos que conspiraban contra él. Para poder curarse, éste le ordenó tomar media pinta de aceite bendecido en ayunas. Sin embargo, con este remedio, en vez de curarse, enfermó. Otro bando conspirador hizo lo posible para traer otro exorcista. Finalmente, María Ana encarceló a su confesor y a un capuchino, miembros de cada uno de los bandos conspiradores, y los puso en manos de la Inquisición. El 11 de octubre de 1700, Carlos II muy enfermo, nombró a Felipe de Francia su sucesor. Carlos II murió a las tres semanas. La viuda fue exiliada a Baiona y vivió allí. Durante aquella época nombró al padre Larramendi su confesor, pero éste, harto de las conspiraciones que tuvo que soportar en la Corte, se retiró a vivir a Loyola en 1733. Sin embargo, la reina apreciaba a Larramendi y le asignó una pensión de 200 ducados, durante el tiempo que vivió la reina.

Maria Ana de Neuburgo

Maria Ana Neuburg-ekoa. Luca Giordano (1693)