FILOSOFÍA

San Agustín

San Agustín supo integrar el pensamiento pagano, en especial la filosofía platónica, con el cristianismo, iniciando la filosofía cristiana medieval, de importancia decisiva para la formación de las mentalidades europeas. A partir de su pensamiento político se desarrolló la teoría de los dos poderes, de los cuales el espiritual (el papado) es superior al poder temporal (el poder civil).

El filósofo y su obra

San Agustín escribió un gran número de obras que configurarían la teología de la cristiandad occidental. Sobresalen los discursos contra las sectas de los maniqueos y los pelagianos y el tratado Contra Académicos. Sin embargo, sus dos títulos más influyentes son La ciudad de Dios y las Confesiones.

  • La Ciudad de Dios: presenta la historia humana como un conflicto entre la comunidad que integran miembros inspirados por la gracia y el amor de Dios, y la comunidad formada por los que han depositado su amor en el mundo y en sí mismos, renunciando a Dios.
  • Las Confesiones: contienen una descripción de su autobiografía espiritual dividida en un antes y un después de la conversión.

Cristianismo y filosofía

La conciliación entre la fe y la razón queda recogida en la fórmula siguiente, que será todo un programa hasta el siglo XIII: cree para entender. Esto significa que la filosofía debe tomar como punto de partida la fe y las escrituras, y que la filosofía sólo tiene valor en cuanto coincide con la verdad del cristianismo.

Partiendo de una concepción platónica, San Agustín sostiene que el conocimiento intelectual es una acción de Dios en nosotros, que consiste en la iluminación de unas verdades necesarias, eternas e inmutables.

Coincide con el neoplatonismo en la visión de Dios como inteligencia que contiene en sí las ideas ejemplares o los arquetipos del mundo visible.

San Agustín, pintura anónima del siglo XV.

La creación del mundo y el tiempo

El protagonismo de la divinidad se extiende más allá de su contribución cognoscitiva. Para San Agustín, Dios ha creado el mundo ex nihilo o de la nada. La materia es una creación de Dios resultado de una decisión voluntaria y libre, un acto espontáneo de la voluntad libre y del amor divino. Sin embargo, la creación se despliega en el tiempo y los seres individuales alcanzan su maduración en el curso del tiempo y con arreglo a lo dispuesto por la Providencia.

Ahora bien, la materia o la creación visible no es eterna; nace con el tiempo a diferencia de la eternidad de Dios, que es ajena al tiempo.

El problema del mal

A la hora de abordar esta cuestión hay que distinguir entre dos clases de mal: el mal físico y el mal moral.

  • El mal físico o natural (enfermedades, catástrofes o epidemias) no proviene de Dios. Se trata más bien de una privación o de una deficiencia cuyo origen hay que buscar en la materia misma constituyente de la criatura. Por consiguiente, el mal físico no existe.
  • El mal moral, por su parte, es obra del hombre y de su comportamiento injusto con sus semejantes y sus criaturas.Tiene su origen en la libre voluntad, en el sentido de «capaz de pecar y no pecar», con que Dios creó al hombre. Por esto, Dios no es responsable del mal uso de la libertad del hombre ni de la entrada del mal en el mundo.

Cristo con el alfa y la omega, miniatura mozárabe del siglo XI.BIBLIOTECA NACIONAL, MADRID.

La concepción de la historia

La filosofía de la historia de San Agustín describe un proceso que afecta a todo el género humano. Se trata de una historia universal, jalonada por una serie de acontecimientos sucesivos que avanzan hacia una meta final por medio del ejercicio de la providencia divina. Pero este proceso está caracterizado por el conflicto entre dos comunidades que habitan el mundo: la ciudad de Dios y la ciudad terrena.

  • A la primera pertenecen todos los que hacen entrega de su amor a Dios, constituyen una iglesia invisible y son peregrinos en la tierra hacia un fin trascendente y una recompensa eterna. San Agustín divide la historia de la ciudad de Dios en seis edades, considerando el momento contemporáneo como la sexta edad del mundo. Ésta habrá de durar hasta la segunda venida de Cristo, el juicio y la consiguiente separación definitiva de las dos ciudades para dirigirse cada una a su destino eterno.
  • La ciudad terrena está formada por los que han puesto su amor en el mundo, en sí mismos, los que se identifican con las virtudes cívicas y han renunciado a Dios abocándose, por ello, a la muerte eterna.

A diferencia de la concepción cíclica del tiempo y de la historia característica de la filosofía griega, San Agustín basa su representación de la historia en una concepción lineal, progresiva y escatológica (tendente a un fin último) del tiempo.

Agustín de Hipona

Agustín de Hipona nació en el año 354 en la provincia imperial de Numidia. Hijo de madre cristiana y padre pagano, recibió una educación en el marco de la tradición pagana: retórica y estudio de los autores latinos. Se inició en filosofía gracias a una obra de Cicerón. Estudió y enseñó en Cartago, Roma y Milán, ciudad ésta donde tomó contacto con el maniqueísmo y el escepticismo, que luego abandonó por el platonismo para convertirse al cristianismo a la edad de treinta y dos años. Fue ordenado sacerdote en el año 391, y en el 396 elegido obispo de Hipona. Murió en el año 430.

 

Cita de San Agustín

«No salgas fuera, vuelve a ti mismo; en el interior del hombre habita la verdad.Y si encuentras tu naturaleza mutable, trasciéndete a ti mismo.»

De La religión verdadera.