El racionalismo (II). Spinoza y Leibniz
Spinoza. Dios y la naturaleza infinita
Spinoza adopta la definición cartesiana de sustancia (lo que no requiere de nada para existir) para elaborar una visión del mundo como una entidad unitaria identificada con Dios. Spinoza elimina todo residuo de trascendencia e identifica Dios y naturaleza infinita (Deus sive Natura). Dios es la única sustancia verdadera.
A diferencia de Descartes sostiene que, además de ser causa inmanente de todas las cosas, Dios no es exterior al mundo, sino que representa todo lo existente. Spinoza identifica a Dios con la naturaleza en su totalidad (panteísmo).
Atributos de la sustancia
La única sustancia divina tiene infinitud de atributos, pero sólo dos son inteligibles para el hombre: el atributo del pensamiento o la conciencia y el atributo de la extensión.
Niveles del conocimiento
Spinoza reconoce tres niveles de conocimiento:
- Imaginación: basado en los sentidos, inadecuado y confuso.
- Razón: alcanza una percepción clara de las cosas y sus conexiones necesarias. Produce un conocimiento verdadero y permite al hombre adquirir una representación clara de sus afecciones que las convierte en acciones. Mediante el conocimiento el hombre se libera de la servidumbre de las pasiones y se hace autónomo, activo y consciente de sí experimentando la alegría.
- Ciencia intuitiva: tercer grado del conocimiento mediante el cual concebimos las cosas como contenidas en Dios. La ciencia intuitiva, la razón y el alma se elevan a Dios y conocen todo como expresión necesaria de Dios. Este conocimiento de nuestro ser en Dios se traduce en autonomía plena e incrementa nuestro poder y alegría.
Religión y Política
Spinoza realiza una interpretación racional de las Escrituras y deja claro que no transmiten conocimiento. Desde el punto de vista del conocimiento, la religión es inferior a la filosofía y su objetivo es la obediencia al mandato divino: la práctica de la justicia y la caridad.
Spinoza defiende un Estado laico que regule el ejercicio de la religión para no perjudicar la paz social ni los derechos naturales de los individuos y, de modo especial, el derecho de libre pensamiento y de expresión de las propias ideas.
Portada del Tratado teológico-político, 1882.BIBLIOTECA NACIONAL, MADRID.
Leibniz. La relación de Dios con el mundo
Leibniz explica la relación entre Dios y el mundo a partir de la distinción entre intelecto y voluntad divina.
- Los principios lógicos y las matemáticas son verdades necesarias para Dios y para la razón humana, y descansan sobre el principio de no-contradicción. La razón las conoce a priori (al margen de la experiencia). El principio de contradicción es el fundamento de las verdades de razón y constituye el límite de la potencia absoluta divina.
- El mundo es contingente y consta de seres y de acciones contingentes. Existe en virtud de una decisión libre de la voluntad divina y es el resultado de una elección entre distintos mundos posibles. El mundo puede describirse como un conjunto de proposiciones de hecho (posibles pero no necesarias) y su fundamento es el principio de razón suficiente: todo lo que existe o sucede tiene una razón para existir o suceder, pues de lo contrario no existiría o sucedería.
El mejor de los mundos posibles
Dios actúa conforme a una voluntad libre y racional y ha escogido el mejor mundo posible, pues no le conviene elegir sino lo racionalmente mejor. En el mundo no existen dos cosas iguales y en el universo existen infinidad de mundos posibles, pero aunque ninguno de ellos es necesario, el elegido por Dios es el mejor.
El mal
En su libro Teodicea, Leibniz explica cómo puede existir el mal en el mejor de los mundos posibles, distinguiendo tres tipos de mal.
- Metafísico: simple imperfección o privación del ser propio de la criatura.
- Físico: el dolor y el sufrimiento puede servir para corregirse y tratar de mejorar.
- Moral: es consecuencia del pecado humano, de una elección resultante del mal uso de lo que en sí mismo es un bien (la libertad).
Dios no ha querido estos males, pero los tolera porque el bien los sobrepasa. Desde esta perspectiva, de difícil comprensión para la naturaleza humana, el mundo no puede ser mejor de lo que es.
Las mónadas
Existen infinidad de sustancias finitas, constituyentes del universo y creadas por Dios a las que Leibniz denomina mónadas: átomos metafísicos, centros de fuerza y de energía.
Las mónadas son creadas, imperecederas (salvo por aniquilación divina), no tienen forma, son individuales, están dispuestas en un orden gradual y constituyen agregados bajo una mónada dominante.
Las mónadas «no tienen ventanas ni puertas», su actividad es interna y autónoma y no actúan sobre el exterior. Para explicar la relación entre la mónada dominante del hombre (el alma) y la realidad externa (el cuerpo), Leibniz postula una armonía preestablecida: Dios estableció desde el origen la perfecta correspondencia entre las representaciones de todas las mónadas, entre el alma y el cuerpo. Dios actúa como un relojero que ajusta todas las mónadas para que marchen al perfecto unísono.
Benito Spinoza
Benito Spinoza (1632-1677). Filósofo y pulidor de lentes formado en la comunidad judía de Amsterdam, fue expulsado de la sinagoga a la edad de veinticuatro años. Su Tratado teológico político fue prohibido y objeto de duros ataques por parte de teólogos cristianos. A causa de tales ataques su principal libro, Ética, no se publicó hasta después de su muerte. Su obra constituye una refutación de la pretensión de la religión y la teología de ser las únicas vías de salvación posible para el hombre. Reivindica la filosofía como la forma auténtica de adquirir la sabiduría, la salvación y la unión con Dios.
Gottfried Wilhelm Leibniz
«Éste es el mejor de los mundos posibles, y todo en él es necesariamente funesto.»
Gottfried Wilhelm Leibniz, filósofo, matemático, político, historiador y jurista que nació en Leipzig. Los últimos años de Leibniz (1646-1716) estuvieron marcados por la polémica sobre la prioridad en el descubrimiento del cálculo infinitesimal que unos atribuían a Leibniz y otros a Newton. Su filosofía está recogida en multitud de cartas y opúsculos como Discurso de Metafísica y la Monadología y en otras obras más ambiciosas como Nuevos ensayos acerca del entendimiento humano y Ensayos de Teodicea.
