FILOSOFÍA

El existencialismo

Más allá de los rótulos con los que han sido calificados y de la dudosa eficacia de tantos «ismos», Heidegger y Sartre representan un esfuerzo por reivindicar su especificidad. De ahí que lo de menos sea si Heidegger encaja en el retrato-robot del existencialista o si Sartre importa más por sus consignas filosóficas que por su compromiso moral y político. Lo importante es la medida en la que han contribuido con su trabajo a renovar la metafísica occidental.

Heidegger. Esencia y existencia

El punto de partida que propone Heidegger para responder a la pregunta ¿qué es el ser? es la existencia humana. A pesar de mantener una relación privilegiada con la existencia, no es fácil desvelar su estructura, pues no se deja definir mediante el enunciado de algo concreto.

La realidad humana no puede definirse, y su rasgo más característico es el de hallarse frente a un conjunto de posibilidades entre las que hay que elegir. Decir que «la esencia del hombre es la existencia» significa que la existencia está indeterminada, y esto le obliga a la acción.

Existencia auténtica y existencia inauténtica

Si el hombre, para comprenderse, se toma a sí mismo como punto de partida, adquiere una comprensión auténtica de su existencia. Si toma al mundo y a los demás adquiere una comprensión inauténtica.

  • Existencia auténtica: afronta abiertamente sus posibilidades, entre ellas la muerte, que le revela la verdad de la existencia y le permite pensarla como totalidad. La existencia auténtica asume que la existencia tiene que ser elegida.
  • Existencia inauténtica: es un tipo de existencia que se sitúa al mismo nivel de las cosas y por eso se dice que ha caído en el mundo. La existencia inauténtica teme a la muerte, se angustia y se ve impulsada a buscar refugio en el mundo. Es incapaz de apropiarse de las cosas en su verdadera esencia.

El hombre, ser para la muerte

Heidegger aborda la idea de la muerte afirmando que la existencia no logra su totalidad mientras existe. Para él, la muerte representa una posibilidad de ser, la más genuina hasta afirmar que el hombre es un ser para la muerte.

El yo auténtico

· El acceso a la existencia auténtica, o yo auténtico, únicamente lo proporciona la angustia.

· Pero esta angustia no es miedo, sino el resultado de reconocer lo que significa estar en el mundo cuando se contempla como totalidad.

· Este reconocimiento es una forma de anticiparse a la muerte, vivir en presencia de la muerte.

· Lo que la convierte en la clave de una vida auténtica es cuando se vive con la posibilidad de la muerte, no con el hecho.

Sartre. El intelectual comprometido

Jean Paul Sartre ha sido uno de los filósofos con una proyección social más destacada de este siglo. Fue en su momento el paradigma del intelectual comprometido.

  • Comprometido porque su trayectoria personal está marcada por la voluntad de colaborar desde su condición de hombre público en actividades y proyectos progresistas: participación en la Resistencia francesa, rechazo del premio Nobel y colaboración en el Tribunal Russell.
  • Intelectual porque su actividad no se confina en los límites del trabajo académico, sino que se desarrolla en otros ámbitos, como el de la literatura y el teatro.

La conciencia

Sartre destacará que la emoción es un modo de ser de la conciencia. Sin embargo, una y otra representan actitudes diferentes. La emoción emerge en circunstancias en las que la adversidad sobrepasa nuestras fuerzas, trasladándonos a un ámbito afectivo y mágico que reúne una tristeza pasiva y un abandono de la responsabilidad. La soberanía de la conciencia, en cambio, se restablece cuando se disuelve el estado emocional y se desvanecen las relaciones mágicas con el mundo.

Sartre diferencia entre el ser en sí y el ser para sí:

  • El ser en sí representa el ser de las cosas independiente de la conciencia y del que no cabe esperar nada.
  • El ser para sí representa al ser determinado por la conciencia, la afirmación de lo indeterminado, y funda la libertad frente al determinismo del ser en sí.
 

Sartre y Simone de Beauvoir.

La libertad y la acción

  • El hombre como tal no posee ninguna esencia determinada, sino que su esencia es la indeterminación. Por eso afirma Sartre: «Estoy condenado a ser libre». Con esta consigna intentaba definir el contenido de la existencia humana, el proyecto fundamental que comprende todo tipo de acciones y voluntades.
  • La libertad permanece dentro de los límites del mundo, sin por ello perder su condición de indeterminada. La libertad es, precisamente, introducir esta indeterminación del propio proyecto, de la propia elección, en el seno del ser.
  • La nada sartreana representa lo que la existencia humana no es. Al mismo tiempo, es la esencia de la libertad manifestada en un querer ser libre; ya que la libertad no es otra cosa que realizarse a sí mismo.

Lo humano en lo inhumano

Nada de cuanto le ocurre al hombre merece el calificativo de inhumano. Con esta afirmación, Sartre quiere decir que no existen los hechos accidentales, que todo lo que sucede, todo lo que el hombre puede imaginar, hay que cargarlo en la cuenta de lo humano.

Heidegger y Sartre, datos biográficos

Martin Heidegger
(1889-1976). Filósofo alemán y profesor en las universidades de Friburgo y Marburgo. En una de sus últimas entrevistas afirmó: «Sólo un Dios puede salvarnos». Los títulos de sus obras más importantes son: Ser y Tiempo, ¿Qué es metafísica? y Sendas perdidas. En 1933 fue elegido rector de la Universidad de Friburgo e ingresó en el partido nazi con el número 321.589; estuvo afiliado hasta que terminó la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades francesas le impidieron enseñar desde 1945 hasta 1951.

Jean-Paul Sartre
(1905-1980), filósofo, novelista y dramaturgo francés, estudió en Berlín y fue profesor en diferentes liceos franceses. De 1940 a 1941 fue prisionero de los alemanes. Fundó la revista Les Temps Modernes en 1945, de gran influencia en la izquierda intelectual e intervino activamente en el pronunciamiento estudiantil de mayo del 68 parisino. Sus ideas filosóficas están recogidas en ensayos, novelas y piezas dramáticas. Los títulos más importantes son: La náusea, El ser y la nada y Crítica de la razón dialéctica.