Organizaciones propias de la ciudadanía
Los términos movimiento social y asociacionismo son diferentes. El movimiento social, según Joachim Raschke, es un "agente colectivo movilizador que persigue el objetivo de provocar, impedir o anular un cambio social fundamental, trabajando para esto con una cierta continuidad, un alto grado de integración simbólica y un bajo nivel de especificación de roles, utilizando formas de organización y acción variables".
El movimiento asociativo o asociacionismo se refiere a las actividades de todas las entidades no lucrativas que trabajan por objetivos e intereses propios de cada asociación. No son un movimiento social porque no trabajan por un cambio común a todas ellas.
Dentro del movimiento asociativo hay muchas entidades que permiten la participación y que se pueden parecer a las asociaciones, pero no se contemplan como tales porque no cumplen alguno de los requisitos fundamentales para serlo.
Estas entidades posibilitan la participación a cualquier persona interesada y buscan el interés colectivo, la mejora de la gestión pública y una mayor calidad de vida para el conjunto de la ciudadanía. Son, por ejemplo, los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones patronales o los colegios profesionales.
Existen además iniciativas económicas que parten de la inquietud social y que, aunque tienen ánimo de lucro, surgen con claras finalidades sociales. Son cooperativas, algunas sociedades anónimas, comunidades de propietarios o mutualidades, que no son asociaciones pero pueden ser motor de dinamización social y cultural e incluso poner en marcha planes de desarrollo local en un barrio o un territorio.
Cooperativismo en Euskadi
El movimiento cooperativista surgió en el País Vasco en el valle del Alto Deba (Arrasate, Aretxabaleta…) y sigue teniendo una gran importancia en el desarrollo social y económico de la comunidad.
