Lo habitual es que las crisis se produzcan cuando no hay dinero. Pues bien, en Argentina está pasando todo lo contrario, ya que la economía va viento en popa.
Las crisis suelen producirse cuando falta dinero, no cuando sobra. Los gobernantes pierden popularidad cuando la economía va mal; pues bien, a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, el problema político le ha venido cuando la economía argentina va sobre ruedas.
Argentina es el primer exportador mundial de aceite de soja, el segundo de maíz, el tercero de soja en grano, el cuarto de trigo y también el cuarto de carne de vaca. Y como el precio de todos esos productos ha subido mucho en el mercado internacional, los agricultores argentinos se están haciendo de oro.
La presidenta decidió hace unos meses subir los impuestos a los productos exportados para que el Estado recaude más y pueda tapar así otros muchos huecos que tiene la economía argentina. Y los agricultores se plantaron y empezaron a cortar carreteras. Los adversarios de Cristina Fernández, que son muchos y están incluso dentro de su propio partido, el Justicialista (peronista), aprovecharon la ocasión y se sumaron a la protesta.
La presidenta le pasó entonces la responsabilidad al Parlamento, para que tomase la decisión de aumentar los impuestos por ley y que no fuera así un simple decreto gubernamental. La propuesta fue aprobada por el Congreso de los Diputados, pero ha sido derrotada en el Senado. Y el artífice de la derrota ha sido nada menos que Julio Cobos, que es el vicepresidente del país.
Cobos procede de la Unión Cívica Radical y con su nombramiento Fernández intentó dar una imagen de apertura. Es evidente que Cobos y Fernández ya no pueden seguir juntos, pero la solución de la crisis es complicada para la presidenta, que cada vez está más sola.


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