HISTORIA

El sector textil

Con anterioridad a la era industrial, era común en el entorno rural, la existencia de telares manuales en el ámbito doméstico, propiedad de empresarios, cuya producción resultante estaba dirigida a los mercados locales.

El paso del sistema manufacturero al mecánico se inició en Gipuzkoa con la construcción de nuevos recintos, las fábricas, y la contratación de numerosa mano de obra. Las primeras fábricas guipuzcoanas trabajaron con el algodón como materia prima. El proteccionismo del mercado Español por parte de la Administración frente a las importaciones animó a muchos industriales a dar el paso a la modernización de sus instalaciones, dejando atrás la producción manufacturera.

En Gipuzkoa cuatro fueron las grandes empresas – la fábrica de Orio en Urnieta (1845), La Algodonera Gipuzkoana, Andoain (1858), la Algodonera de San Antonio en Bergara (1846) y la fábrica Subijana y Cia de Billabona (1860).

Otro grupo importante de fábricas y de larga tradición en Gipuzkoa, fueron las que trabajaban con la lana. Este sector supo adaptarse pronto a los nuevos tiempos adquiriendo sistemas mecánicos novedosos, hasta tal punto, que sus productos, especialmente las mantas, fueron conocidas popularmente en todo el país. El sector lanero se situó en los pueblos de Tolosa, Renteria, Billabona, Hernani, Azkoitia y Urretxu y las empresas más importantes fueron Pedro Lesperut, Reverdy y Cia y la fábrica de tejidos Doussinague que fabricaba chales y toquillas, las empresas Fabril Lanera y la sección de fieltros de Papelera Española. Por último, hay que hablar de la fábrica de boinas de Antonio Elosegui llamada también La Casualidad.

En Bizkaia, la industria textil era un sector subsidiario cuya producción abastecía las industrias locales como astilleros, harineras, alpargaterías, etc.. No obstante, existen dos ejemplos destacables: la fábrica de Lencería de Miraflores, y la fábrica de boinas La Encartada de Balmaseda.

Fábrica de Boinas La Encartada. Balmaseda. Gipuzkoa. Fuente: Museo Fábrica de Boinas La Encartada

Fábrica de Boinas La Encartada. Balmaseda. Gipuzkoa. Fuente: Museo Fábrica de Boinas La Encartada

El proceso textil se puede resumir en las siguientes fases: el preparado de la fibra textil, el hilado, la tejeduría, el tinte y el batanado.

El objetivo del preparado de la fibra textil es deshacer o desfibrar los mechones (en el caso de la lana) o copos (en el caso del algodón), fibra a fibra para convertir la materia original en mechas los más regulares posibles para su posterior hilado.

En la fase del hilado (1) hay que convertir las mechas provenientes de la fase anterior en hilos cuyas fibras deben estar estiradas y torsionadas para ganar resistencia. Las dos máquinas que hacen esta función y que representan dos momentos de la evolución técnica son la selfactina y la continúa de hilar. La selfactina, hace el hilado en dos tiempos: primero estira los hilos montados en un carro, cuando éste se para, los husos giran y dan torsión, y cuando el carro vuelve, recoge el hilo en una bobina. La evolución de la selfactina, es la continúa de hilar que estira (1.1.), tuerce (1.2.) y enrolla el hilo al huso (1.3) todo al mismo tiempo (1).

La tejeduría (2) se inicia con el telar sobre el que se han montado previamente la urdimbre (2.1.) y el hilo en la lanzadora (2.2.). La acción del telar consiste en cruzar unos hilos longitudinales, la urdimbre, con otros transversales, que la lanzadora cruza formando una trama (2.3.). Este proceso repetido miles de veces crea el tejido.

El primer paso antes de teñir, era el blanqueo del tejido a través de una decoloración química con el fin de unificar el color desigual de las fibras naturales y eliminar las ceras y aceites que pueden estar adheridas a la fibra. El objetivo del tinte es dar color a las fibras textiles por medio de colorantes. El proceso de tinte se realiza en las barcas de tinte (3). Una vez tintado el tejido, se centrifuga y se seca.

El batanado (4) es el último proceso que se realiza en tejidos de lana para conseguir un acabado más agradable. Aprovechando la estructura escamosa, las fibras se enfieltran entre sí por medio de una solución jabonosa y el golpeado del tejido en el batán.