HISTORIA

Obra pública

El fenómeno de la industrialización trajo consigo profundas transformaciones en el orden social, sanitario y urbanístico lo que planteó numerosos problemas espaciales. En poco tiempo, los centros urbanos con mayor actividad industrial vieron incrementado el número de sus habitantes, lo que obligó a una reorganización del espacio público en concordancia con los nuevos parámetros de higiene y seguridad pública. Se construyeron nuevos sistemas de alcantarillado y depuración de aguas como la estación bombeadora de Elorrieta en Bilbao, mercados como el de Tolosa, lavaderos, mataderos, puentes como el de Bizkaia, ascensores, diques, ferrocarriles, estaciones y alumbrado público. La innovación tecnológica y científica permitió construir estas nuevas estructuras con materiales novedosos como el hormigón y el hierro/acero, éste último gracias a los nuevos sistemas de fundición Bessemer y Martin-Siemens que producía acero a menor coste. No obstante, la utilización de estos nuevos materiales generó un debate sobre las posibilidades estéticas del acero por no estar presente en el paisaje, viéndose como algo artificioso.

Los mercados

Los primeros mercados de la era industrial se construyeron a finales del siglo XIX, emplazados en las antiguas plazas de venta callejera y con el objetivo de tener un mayor control fiscal y al mismo tiempo garantizar la venta de alimentos en condiciones óptimas de higiene. Las estructuras de estos primeros mercados o tinglados se construyeron en hierro, eran diáfanos, con iluminación cenital y buena ventilación. Ver tinglado de Tolosa. No obstante, el incesante incremento de población generó nuevas necesidades que obligaron a sustituir estos primeros tinglados por otros edificios cubiertos, más amplios y construidos con hormigón armado, piedra y cemento. Los mercados de San Martín (1882) y de La Brecha (1871) (ambos de San Sebastián), y los mercados de Deba (1910), Besain (1912) y Ordizia (1923) y el mercado de abastos de Azkoitia (1926) son un ejemplo de ello. En Bilbao, se construyeron también mercados de estructura metálica, como los primitivos de La Ribera y el Ensanche-.

Mataderos

Situados en los arrabales de los centros urbanos estos recintos cerrados cumplían también la función de preservar las condiciones higiénicas y el control fiscal de la manipulación de la carne de ganado. Los mataderos eran los lugares donde se sacrificaba y desuellaba el ganado con nuevos sistemas mecánicos de matanza. Estos edificios estaban construidos para lucir y presentar una buena imagen que promocionase las buenas prácticas que se aplicaban en su interior.

El alumbrado público

Los avances técnicos y el descubrimiento de nuevas fuentes de energía –hidráulica, vapor y gas- permitieron cambiar drásticamente la vida de los habitantes de los grandes núcleos urbanos gracias al alumbrado público. Surgió de esta manera la ciudad moderna, con sus calles iluminadas. Los primeros alumbrados públicos se generaron a través del gas, como es el caso de Bilbao con el gasómetro explotado por Máximo Aguirre en la conocida Plaza del Gas, cerca del ayuntamiento y San Sebastián con su fábrica del gas que a diferencia de Bilbao, sobrevivió durante algunas décadas más. La obtención de iluminación a través del gas era relativamente sencillo: el gas, obtenido en este caso mediante la destilación de carbón de hulla, era distribuido mediante un sistema de tuberías a la red de alumbrado público, donde su combustión producía luz. No obstante, Bilbao abandonó en 1890 el sistema de energía de gas e instaló una de las primeras centrales termoeléctricas. La termoelectricidad generaba electricidad a través de unas máquinas de vapor, alimentadas con carbón y que, acopladas a generadores, permitían obtener fluido eléctrico.

Los tinglados de Bilbao

Bilbao era un puerto fluvial con una intensa actividad marítima comercial. Para descargar las mercancías provenientes de los barcos, se construyeron en 1894 unos tinglados como lugares de descarga. Existieron tres en la margen derecha: muelle del Teatro, (trasera del Arriaga), La Salve y los de la Sendeja-Arenal, y dos en la izquierda: Ripa y Uribitarte. Actualmente el ayuntamiento de Bilbao está restaurando los de Sendeja-Arena. Estos tinglados que fueron diseñados con un claro componente estético,tienen 6 metros de altura, pilares estriados y capiteles, tejas de hierro y suelo de madera.