MEDIO AMBIENTE

El Protocolo de Kioto

En el año 1997, la conciencia de que la concentración nociva de gases con efecto invernadero estaba amenazando peligrosamente al clima provocó una nueva asamblea mundial, esta vez centrada en el problema del cambio climático. Fue lo que se denominó el Protocolo de Kioto, por la ciudad japonesa en la que se firmó.

Su principal objetivo era lograr una reducción de los gases de efecto invernadero de un 5,2% entre 2008 y 2012, tomando como referencia la situación de las emisiones de esos gases en 1990. Fueron muchos los países que se sumaron al protocolo, con el compromiso de ratificarlo en los años sucesivos.

Los grandes países industrializados empezaron a retrasar la ratificación alegando que una disminución de las emisiones de tal calibre exigía gastos a sus industrias y comprometía su desarrollo. Pese a todo, poco a poco, los grandes ratificaron el acuerdo o se comprometieron firmemente a ello.

Para que los países industrializados aceptasen ratificar el protocolo se tuvo que modificar sustancialmente su contenido. Se eliminaron las sanciones a los infractores y, sobre todo, el porcentaje de reducción de gases del 5,2% quedó reducido al 1,8%. Eso permitió el acuerdo de ratificación de países como Japón, Canadá, Rusia y Australia, que generan casi un 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Al protocolo se le han añadido algunos elementos para su aceptación general, algunas trampas, en opinión de los grupos ecologistas, como la posibilidad de que los países contaminantes compren derechos de contaminación a los que contaminan poco, o que una simple política de reforestación permita mantener los niveles de contaminación de un país, pues se considera que los bosques son sumideros de contaminación.