MEDIO AMBIENTE

Johannesburgo, la gran frustración

Justo a los treinta años de la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente en Estocolmo, el mundo había cambiado de una forma radical. En el año 2002 el número de habitantes del planeta superaba los 6.000 millones de personas, el doble que en 1972, y el número de los que vivían en un grado de extremada pobreza superaba los 800 millones de personas.

Era necesario convocar una nueva Cumbre para intentar llegar a un pacto mundial sobre el desarrollo sostenible, que diera soluciones a un conflicto mundial en el que se juntaban la pobreza, la contaminación, la reducción de los recursos naturales, el cambio climático, las agresiones a la biodiversidad y una brecha cada vez más amplia entre las personas ricas y las pobres en todo el mundo. La situación era preocupante.

En Johannesburgo (2002) se intentó llegar a un acuerdo de cooperación mundial, un compromiso para que los países desarrollados ayudaran a los países en desarrollo o, por lo menos, les facilitaran la ayuda financiera sin comprometer su crecimiento, sin ahogarles.

La cumbre acordó una Declaración Política y un Plan de Acción llenos de buenas intenciones para reducir las carencias de agua potable que padecen muchas personas en el mundo, así como repartir equitativamente los recursos pesqueros y promover las energías renovables.

Desarrollo y consumo

El 15% de la población mundial vive en países desarrollados, y a ella corresponde el 56% de todo el consumo del mundo, mientras que al 40% más pobre de la población mundial, que vive en países en desarrollo, le corresponde únicamente el 11% del consumo.

El promedio de gastos de consumo de una familia africana se ha reducido en un 20% en relación a hace veinticinco años. El número total de personas que viven en la pobreza se redujo sólo de 1.300 a 1.200 millones. Hay 815 millones de personas desnutridas en el mundo, y 777 millones de ellas viven en los países en desarrollo.

 

La fuerza de las petroleras

Las empresas energéticas, encabezadas por el sector petrolero, impusieron su criterio en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, que no estableció metas ni plazos cuantificables para el impulso de las fuentes renovables de energía.