Los consumidores y los usuarios
No es lo mismo consumir que usar un producto o un servicio. Y se deben tener unas nociones básicas de estos conceptos para afrontar cualquier desacuerdo. Según seamos consumidores o usuarios, actuaremos de una u otra forma.
Los consumidores son las personas, físicas o jurídicas, que adquieren un producto o servicio por expresa voluntad. Consumimos una determinada marca de leche y somos clientes de un banco concreto.
Los usuarios son las personas que adquieren un producto o servicio de forma obligada, generalmente porque no hay otra opción. Somos usuarios de la autopista, del transbordador de la ría, del euskotren o de la compañía eléctrica.
Tampoco son consumidores quienes, no siendo destinatarios finales, adquieren bienes o servicios y los almacenan, utilizan o consumen para integrarlos en un proceso de producción, transformación, comercialización o prestación a terceras personas. Por ejemplo, no es consumidora la persona que compra leche para fabricar pasteles y venderlos en su tienda; no es usuaria la empresa que utiliza un tren para transportar sus mercancías.
Los poderes públicos suelen establecer normativas específicas con el fin de defender los derechos de los usuarios. Así, por ejemplo, al hacer la concesión de la construcción de una autopista, la Administración fija de antemano las condiciones en que se ha de prestar el servicio.
La protección de quienes consumimos está regulada y se aplica estrictamente a casos concretos. Las autoridades de consumo, por ley, no pueden intervenir en conflictos entre particulares o en asuntos que tengan una reglamentación específica, como sería el caso de las cuestiones relacionadas con la salud.
