La poesía y la prosa románticas
La poesía romántica
La poesía lírica adquirió un gran auge durante el Romanticismo, al tratarse del género más apto para la expresión de sentimientos y las actitudes de la época.
Los románticos realizaron grandes innovaciones en la versificación, y los temas abarcan una gama de sentimientos reiterativa: la mujer ideal, el desengaño amoroso, la soledad. Abandonadas las restricciones que imponía el neoclasicismo, la libertad de creación permitió la búsqueda de un estilo personal.
- Poesía lírica: ésta se caracterizó por el uso de un estilo retórico y altisonante, lleno de exclamaciones.
- Poesía narrativa: en la poesía romántica abundó la narración de leyendas y acontecimientos históricos.
Sátira del suicidio romántico, de Leonardo Alenza. (Museo Romántico, Madrid).
José de Espronceda
Espronceda es un claro representante del Romanticismo exaltado, lo cual se muestra en su estilo poético. A la vuelta de su destierro (1834), comienza su producción puramente romántica, que es la más valiosa.
- Poemas líricos: destaca el tema de la defensa de los marginados de la sociedad («Canción del pirata», «El mendigo», «El reo de muerte», «El verdugo»). El poeta se identifica con ellos porque también se siente un rebelde, un proscrito.
- Poemas narrativos:
- El estudiante de Salamanca narra con imágenes truculentas cómo un romántico estudiante es arrastrado a los infiernos por el fantasma de la mujer a la que había seducido.
- El diablo mundo quedó inacabado. Tiene una intención ideológica, pero dentro de su desordenada estructura llama la atención el lírico «Canto a Teresa».
La novela histórica
La novela romántica se desarrollaba generalmente en épocas pasadas, en especial en la Edad Media. Esto se debe a que los románticos consideraban que la sociedad moderna era prosaica y poco interesante desde el punto de vista estético.
En España tuvo poco desarrollo y la obra más interesante de este género fue El señor de Bembibre (1844), de Enrique Gil y Carrasco (1815-1846).
El costumbrismo
El costumbrismo trata de la sociedad contemporánea. En forma de artículo periodístico, describe costumbres populares, personajes y oficios típicos del país.
Ramón de Mesonero Romanos
(1803-1882). Utilizó el seudónimo «El Curioso Parlante» y dirigió numerosas publicaciones. Su obra se centra en la vida social madrileña, de cuyas transformaciones fue testigo y cronista.El costumbrismo de Mesonero Romanos no responde al espíritu romántico, que consideró una moda pasajera. Su voluntad de pintar la realidad circundante lo convierten en un precursor de la novela realista (ver t24).
La descripción de ambientes folclóricos y de tipos pintorescos es uno de los rasgos de la prosa costumbrista de la época. En la imagen La buenaventura, escena costumbrista de Pedro de Vega (Sammer Galleries, Madrid).
Mariano José de Larra
Larra escribió el drama Macías y la novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente, pero su principal labor creadora la encontramos en sus artículos periodísticos:
- Artículos de costumbres: critican la sociedad de su tiempo, atrasada e inculta. No pretende describir tan sólo las costumbres, sino sobre todo contribuir a reformarlas.
- Artículos políticos: atacan con dureza a los carlistas, partidarios del absolutismo, pero también a los gobiernos liberales de tendencia moderada.
- Artículos literarios: son comentarios sobre diversas obras literarias, en los que se muestra ecléctico en la polémica entre neoclásicos y románticos.
El estilo de los artículos costumbristas responde a su carácter periodístico. Larra pretende convencer al público, y para ello emplea un estilo directo y sin complicaciones. Casi siempre utiliza anécdotas con las que ejemplifica su tesis, llenas de ironía y sarcasmo, que esconden una gran amargura.
El auge de la prensa decimonónica contribuyó a la proliferación de publicaciones especializadas en las que muchos escritores dieron a conocer su obra. En la imagen, primera página de una publicación destinada al público femenino. BIBLIOTECA NACIONAL, MADRID.
Circunstancias del Romanticismo español
La guerra de la Independencia (1808-1814) y el restablecimiento del absolutismo frenaron el desarrollo del prerromanticismo español. Durante el reinado de Fernando VII muchos intelectuales tuvieron que exiliarse a Francia o Inglaterra, países en los que entraron en contacto con la literatura romántica.
Otros poetas románticos
El duque de Rivas. Sobresalió como dramaturgo (ver t23) y, en el terreno poético, destacan sus poemas históricos El moro expósito (1834), en romance endecasílabo, y los Romances históricos (1841), inspirados en sucesos de la Edad Media o los Siglos de Oro.
José Zorrilla también fue principalmente dramaturgo(ver t23), pero su poesía gozó de mucho éxito. Sus Leyendas son romances basados en sucesos históricos o tradiciones populares.
Cuando tenía quince años, José de Espronceda (Almendralejo, 1808- Madrid 1842) fundó una sociedad secreta para luchar contra el absolutismo, por lo que fue condenado y después indultado. Se exilió a Portugal, donde conoció al amor de su vida, Teresa Mancha, y a París, donde participó en la revolución de 1830. En 1835, ya en España, fue elegido diputado.
El folletín
La novela se difundió sobre todo por medio de la prensa, que iba publicando periódicamente fragmentos de la obra. Se trata de la primera manifestación de una literatura impresa masiva. Esto permitió a los escritores de más éxito vivir de la literatura y no depender de un mecenas aristocrático, pero a costa de amoldar su obra a los gustos del público.
Mariano José de Larra (1809-1837)
Fue hijo de un médico afrancesado, por lo cual su familia tuvo que huir a Francia. Ya en Madrid intervino en la política de la época a través de las publicaciones que dirigió, utilizando los seudónimos de «El pobrecito hablador», «El duende satírico» y, sobre todo «Fígaro». Su desgraciada vida amorosa y su decepción por la situación política lo condujeron al suicidio.
