Grandes epopeyas medievales
La poesía heroica de los juglares
La epopeya medieval refleja el afán de los pueblos europeos por crearse una identidad nacional, simbolizada por los héroes antiguos. Las biografías fabulosas y conflictos de honor de éstos son los temas de los cantares de gesta (ver t4). También servían para reforzar la estructura social feudal, al ensalzar a la nobleza dominante.
Los cantares épicos, anónimos, son difundidos de forma oral por los juglares, artistas ambulantes que, a cambio de comida, vestidos o dinero, los recitaban o cantaban de memoria en plazas y castillos junto a canciones o poesías líricas. No tenían, pues, una forma fija y cada juglar los alteraba a su manera: son de carácter tradicional.
Estas recitaciones gustaban tanto a los nobles, que veían reflejados en los héroes épicos sus propias virtudes, como al pueblo, pues suponían los únicos ratos de diversión en medio de la difícil vida de entonces. Además, eran un medio de difusión popular de la historia y de transmisión de noticias en la aislada Europa medieval.
Muchos poemas se han perdido, y las versiones que conocemos son las que se pusieron por escrito, generalmente mucho después de su aparición.La épica germánica
La mitología y las antiguas leyendas de los pueblos bárbaros del Norte se nos han transmitido a través de varias composiciones épicas:
- Cantar de Hildebrando (mediados del s.VIII): el cantar germánico más antiguo que se conserva. Muy breve, relata el motivo de la lucha entre un padre y un hijo que militan en ejércitos diferentes.
- Beowulf (principios del s. IX): poema anglosajón en el que el histórico rey godo Beovulfo, transformado en paladín legendario, lucha contra monstruos y dragones en defensa de su pueblo.
- Los Edda: conjunto de breves cantares noruegos e islandeses, de entre los siglos IX y XIII, cuyos temas abarcan desde leyendas mitológicas de la creación del mundo hasta sucesos coetáneos.
La obra maestra de la épica germánica es un extenso poema en alemán de nueve mil quinientos versos, el Cantar de los Nibelungos, de origen muy antiguo, pero cuya definitiva versión es de principios del siglo XIII.
Sigfrido, su protagonista, es un héroe invencible por haberse bañado en la sangre de un dragón. Tras numerosas hazañas, un traidor lo asesinará aprovechando su único punto débil en la espalda. Su viuda, la hermosa Krimilda, extraordinaria figura lanzada al centro de la acción, tramará y llevará a cabo una compleja venganza.
La gran epopeya francesa
Mucho mayor desarrollo alcanzaron los cantares de gesta en el área lingüística románica, pues se conservan nada menos que un centenar de poemas. Aunque hay algunos castellanos, provenzales e italianos, la gran mayoría de ellos están en lengua francesa.
Este amplio conjunto de poemas épicos se caracteriza por:
- Deformación legendaria de la historia de Francia.
- Inspiración cristiana y favor divino de los héroes.
- Abundantes elementos fantásticos y maravillosos.
- Detalladas descripciones de batallas y atuendos.
La enorme selva de títulos puede agruparse en tres ciclos:
- Ciclo de los reyes de Francia o de Carlomagno: el más importante, cuyos cantares nos narran la historia de los padres de Carlomagno (Berta la de los grandes pies), la juventud del futuro emperador (Mainete), sus viajes por el mundo (Peregrinación de Carlomagno) o sus luchas contra los musulmanes (Fierabrás, Cantar de Roldán).
- Ciclo de Garín de Monglane o de Guillermo: centrado en un linaje de héroes defensores del poder real, pero mal recompensados por éste. Destacan piezas como Aymeri de Narbona o el Cantar de Guillermo.
- Ciclo de Doon de Maguncia: cantares sueltos de señores feudales rebeldes contra los reyes de Francia, como Raoul de Cambrai, con su feroz protagonista, o el popular poema Renaut de Montauban.
La pieza más antigua que se conserva, y la mejor, es el Cantar de Roldán. De finales del XI, narra la emboscada sarracena del desfiladero de Roncesvalles, en la que perecieron los mejores caballeros de la Corte de Carlomagno, los doce pares de Francia, con el gran héroe Roldán a la cabeza, y la posterior venganza del emperador franco.
Resulta inolvidable la figura de Roldán, valiente pero temerario y demasiado orgulloso para pedir ayuda, así como su buen amigo Oliveros, su amada Alda, que muere de dolor al saber la triste noticia, el traidor Ganelón, etcétera.
En esta miniatura de las Grandes crónicas de Francia (Biblioteca Nacional, París) aparece la muerte de Roldán en el desfiladero de Roncesvalles, tema central de la Chanson de Roland. Nótese la aureola de santo que rodea la cabeza del héroe muerto, señal del favor divino, y cómo su alma es llevada por los ángeles al cielo.
El variado mundo de los juglares
Las actuaciones de los juglares, vestidos con trajes de vivos colores, incluían junto al canto y recitación otras habilidades, como instrumentos musicales, juegos malabares, magia, disfraces grotescos, etc. Había juglares pobres e ignorantes, que viajaban a pie rayando en la mendicidad, y juglares ricos y de éxito, que viajaban en cabalgaduras y tenían criados. No faltaban cantores árabes o judíos, ni tampoco juglarescas.
Verdad y fantasía de la épica
Los hechos relatados en los cantares se consideraban verídicos y llegaron a ser incorporados a las crónicas históricas en prosa. Sin embargo, aunque algunos no carezcan de un fondo histórico, la mayoría son legendarios y tienen abundantes rasgos fantásticos. Cuanto más lejano en el tiempo o en el espacio era el tema de una cantar, más daba rienda suelta el juglar a su imaginación.
El mito del caballero
La figura literaria del caballero medieval fue idealizada como prototipo de virtudes guerreras y humanas (valor, fuerza física, religiosidad, defensa del débil). De la épica pasó a la narrativa cortés y sobrevivió al medievo a través del género renacentista de los libros de caballerías (ver t12). Con diversas adaptaciones ha perdurado hasta nuestros días, por ejemplo, en forma de vaquero solitario en las pantallas cinematográficas.
