LITERATURA

Literatura del siglo XVIII en Inglaterra

La Inglaterra del siglo XVIII, adelantada respecto al resto de Europa política, social y económicamente, sustituye a Francia en la hegemonía continental. Los dos fenómenos literarios más destacados de esta época son la consolidación de la novela en su camino hacia la modernidad y la afirmación prerromántica del sentimiento.

La época dorada del pensamiento inglés

La reflexión política de los pensadores británicos es temprana, y ya en el siglo XVII surgen dos grandes concepciones opuestas:

  • Thomas Hobbes (1588-1679), pesimista sobre la naturaleza humana («el hombre es un lobo para el hombre»), defiende el absolutismo en su tratado Leviatán (1651).
  • John Locke (1632-1704) afirma, en cambio, que la obligación del Estado es velar por el bienestar de los individuos, que, libres e iguales, se agrupan en sociedades. Esta doctrina, llamada liberalismo, se expone en el Ensayo sobre el gobierno civil (1690).

Locke es un filósofo empirista, como lo serán en el siglo XVIII George Berkeley (1685- 1753) y David Hume (1711-1776). Esta corriente filosófica enemiga de toda especulación fuera de la realidad sensible fue precisamente la que estimuló la reflexión sobre los problemas humanos concretos, como el de la convivencia social y política. Por su parte, el genio científico de Isaac Newton (1642-1727) revolucionó la física. Las consecuencias prácticas de ello inciden en la Revolución Industrial surgida en la segunda mitad del siglo.

La Edad Augusta

La propia denominación de este periodo deja clara su raíz cultural clásica, cuyo ideal de equilibrio se adaptaba perfectamente al carácter inglés. Uno de los géneros más en boga fue el de la literatura de viajes, de puro testimonio, o utilizado como medio para criticar la propia realidad desde otros puntos de vista.

Uno de estos libros, las aventuras del náufrago Robinson Crusoe (1719), de Daniel Defoe (1660-1731), obtuvo un enorme éxito. Aunque hoy se lee como libro juvenil, no deja de ser una epopeya del esfuerzo racional del hombre por vencer a la naturaleza. Otra famosa obra de su autor es Moll Flanders (1722), novela de tono picaresco.

El irlandés Jonathan Swift (1667-1745) fue un mordaz espíritu satírico. Sus Viajes de Gulliver (1726), son a la vez una parodia de la literatura de viajes y una dura crítica, desde un punto de vista ilustrado, de la sociedad humana. Curiosamente, suele leerse como libro infantil, eliminando las dos últimas partes, las más terribles.

Un tercer autor importante es el poeta satírico Alexander Pope (1688-1744), autor de la epopeya burlesca El robo del rizo (1713).

Grabado con la escena de la buena acogida de un europeo en una isla del Pacífico. El concepto del «buen salvaje», que nace del éxito de Robinson Crusoe y se consolidará con Rousseau, tuvo gran aceptación en el siglo XVIII.

Inicios de la novela burguesa

En la segunda mitad del siglo aparece un tipo de novela más moderna, centrada en una temática amorosa y ambientes burgueses, buscando como público receptor a esta clase social ascendente.

El primer paso lo da Samuel Richardson (1689-1761) con Pamela o La Virtud recompensada (1740), novela sentimental epistolar de final feliz, que genera toda una moda. Esta obra es parodiada por Henry Fielding (1707-1754) en Joseph Andrews (1742), que sigue el modelo cervantino (trama itinerante, protagonista acompañado, constante ironía). Fielding es autor de otra gran novela, Tom Jones (1749).

También demuestra saber la lección de Cervantes Laurence Sterne (1713-1768) en Tristam Shandy (1759-1767), auténtico juego literario metanarrativo, de gran libertad constructiva. Escribió también un Viaje sentimental por Francia e Italia (1768).

Con la gran Jane Austen (1775-1817) culmina la narrativa de la época. Sus novelas describen, con clara elegancia e ironía, conflictos psicológicos finamente analizados en ambientes burgueses de provincia. Sus obras más destacadas son Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1813), y sobre todo, Emma (1816).

El prerromanticismo de la segunda mitad del siglo

En la poesía aparecen elementos anticipadores del romanticismo, como en La queja de Edward Young (1684-1765), que introduce el elemento nocturno, o en la Oda al atardecer, de William Collins (1721-1759). A la vez, surge cierta moda medievalista que genera un curioso fraude literario: James Macpherson (1736-1796) publica las Poesías de Ossián (1765), supuestas piezas de un antiguo poeta celta, que durante mucho tiempo se tendrán por auténticas.

La figura poética más destacada es William Blake (1757-1827) que también fue pintor. Sus composiciones, entre lo simbólico-visionario, lo religioso y el realismo, son de difícil clasificación pues anticipan el Romanticismo, pero también el simbolismo de finales del XIX.

También aparece un subgénero novelístico popular, la novela gótica: folletines de ambientación medieval o exótica, con crímenes, noches de luna, misterios, etcétera. Destacan títulos como El castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole; El monje, de M. G. Lewis y, sobre todo, El Doctor Frankenstein de Mary Shelley (1797-1851).

Escena de la película Frankenstein de Mary Shelley, dirigida en 1994 por Kenneth Branagh.

Inglaterra y la Ilustración

Aunque lo fundamental del pensamiento ilustrado del XVIII se desarrolla en Francia, Inglaterra será su modelo. Este país contaba desde el siglo anterior, tras la revolución de 1688, con un Gobierno liberal moderno, cuyo régimen de libertades y tolerancia era envidiado en el resto de Europa. Voltaire conoció en su exilio juvenil inglés las obras de Locke y de Newton y las difundió a su regreso.

 

El empirismo

Movimiento filosófico inglés defensor de que los únicos conocimientos auténticos provienen de los sentidos, y que las operaciones racionales son meras combinaciones de imágenes sensibles. Sus principales campos de investigación son la teoría del conocimiento y la reflexión ética y política. Se considera opuesto al idealismo racionalista de Descartes.

 

Prosa no novelística

En los recién aparecidos periódicos, intelectuales como J. Addison o R. Steele difunden el ideal del gentleman como modelo de vida. S. Johnson (1709-1784) es el primer intelectual que vive de sus publicaciones, gracias al reconocimiento legal de los derechos de autor. E. Gibbon (1737-1794) es autor de la monumental Decadencia y caída del Imperio romano, un clásico de la historiografía.