LITERATURA

Novela realista francesa

La segunda mitad del siglo XIX es la época dorada de la novela, asociada al triunfo social de la burguesía. En toda Europa los escritores describen con espíritu crítico y realista la nueva sociedad, pero no hay nación que, en conjunto, pueda disputar a Francia su supremacía, con sus cuatro grandes novelistas: Stendhal, Balzac, Flaubert y Zola.

El triunfo de la novela realista

La novela demuestra ser el género más adecuado para retratar la sociedad capitalista movida por el poder y el dinero. Sus rasgos (ver t21) facilitan una perspectiva amplia y objetiva en la descripción de ambientes y psicologías. El tema central de las novelas realistas es la compleja y conflictiva relación entre sociedad y individuo, siempre con el fracaso de éste.

Gracias al desarrollo de la prensa periódica, que solía incluir entregas coleccionables de novelas y folletines, el público lector se amplía considerablemente.

Del Romanticismo al realismo

  • Henry Beyle (1783-1842), más conocido por su seudónimo, Stendhal, llevó una vida de romántico en perpetuo conflicto con la ruin sociedad francesa de su tiempo, de la que procuró huir, especialmente a Italia, país que adoptó como segunda patria. Escribió libros sobre pintura, viajes, biografías, y hacia el final de su vida, novelas.

    El rojo y el negro (1830) es la historia del fallido intento de ascenso social y de conquista de la propia felicidad por parte de un plebeyo, sin más medios que su ambición. Ello permite al autor, con una actitud neutral y un sobrio estilo, trazar una radiografía de la hipócrita sociedad burguesa francesa.

    La cartuja de Parma (1839), ambientada en Italia, narra las vicisitudes de un joven aristócrata repudiado por su familia que emprende una carrera entre eclesiástica y política, en la que triunfará a costa de numerosas intrigas y de sacrificar su gran amor.
  • Tanto la vida como la obra de Honoré de Balzac (1799-1850) se desarrollan bajo el signo del exceso.Tras una juventud pobre y bohemia, el éxito le permitió llevar una existencia de lujo y derroche (con las consiguientes deudas) marcada por numerosos amoríos que culminarán en su matrimonio con una aristócrata ucraniana.

    Sus primeras obras son novelones históricos y fantásticos de tono romántico. Hacia 1830 concibe el vasto proyecto literario de la Comedia humana. En él hay desde novelas históricas hasta simbólicas, como La piel de zapa, o policiacas, como Un asunto tenebroso.

    La mayor parte describe críticamente la sociedad de entonces. Destacan Eugenia Grandet (1833), centrada en un avaro que impide la felicidad de su hija, Papá Goriot (1834), que, por el contrario, narra los sacrificios de un padre por satisfacer los enredos y caprichos de sus hijas.

Flaubert: el arte y la realidad

Gustave Flaubert (1821-1880) es el más moderno de los realistas franceses por su ahondamiento en la psicología de los personajes y su cuidadosa descripción de ambientes. Escribió cuentos, novelas históricas y fantásticas y dos grandes novelas realistas:

  • Madame Bovary (1857), su obra maestra, le costó un proceso judicial por inmoralidad. En esta novela, que es una especie de homenaje a Don Quijote y, a la vez, una crítica al Romanticismo, traza un despiadado retrato de un caso de intoxicación idealista en un ambiente de asfixiante vulgaridad provinciana. La protagonista, Emma, aburrida mujer de un médico rural, alimenta su fantasía con lecturas de novelas sentimentales que le llevan una serie de aventuras eróticas. Al final, abrumada por sus deudas, acaba suicidándose.
  • En La educación sentimental (1869) narra la historia de un joven burgués y de sus frustrados amores con una mujer casada. La triste constatación final de cómo el tiempo arruina toda ilusión constituye una profunda crítica de los ideales burgueses.
 

Gustave Flaubert, por Eugéne Giraud. En la vida de este escritor apenas hay nada reseñable, pues la pasó prácticamente recluido en una finca de su propiedad, consagrado a alcanzar con sus obras un ideal de perfección literaria basado en la objetividad y la impersonalidad.

El naturalismo de Zola

Émile Zola (1840-1902), influido por el positivismo de su época, intentó dotar al realismo de mayor valor científico, analizando la conducta humana y social mediante las leyes de la herencia, el influjo del medio ambiente y el método experimental.

Siguiendo el ejemplo de Balzac, escribió entre 1871 y 1893 una serie de veinte novelas, Los Rougon-Macquart, centrada en las distintas ramas de una familia. En ella se presentan los aspectos más crudos de la sociedad francesa de final de siglo (taras, alcoholismo, enfermedades, miseria). Obras como La taberna (1877), Nana (1880) o Germinal (1885) se caracterizan por la fuerza de sus descripciones y por tener como protagonista a la emergente clase proletaria.

Retrato de Émile Zola por Manet.

El rojo y el negro

La trama de la novela de Stendhal es la siguiente: Julien Sorel, de humildes orígenes, debe abandonar su puesto de preceptor en una rica familia al saberse los amores que mantiene con la señora de la casa. Emprende estudios eclesiásticos y consigue enamorar a la hija de un marqués. Cuando la boda está a punto de realizarse, su anterior amante le denuncia como seductor. Julien dispara contra ella y es condenado a la guillotina.

 

La Comedia Humana

Esta ambiciosa serie aspiraba a ofrecer una visión sintética y total de la humanidad. Se divide en tres partes: Estudios de costumbres, Estudios filosóficos y Estudios analíticos, y debía abarcar 137 novelas, de las que Balzac llegó a escribir más de noventa en pocos años, con un ritmo desenfrenado de trabajo. La unidad del conjunto se refuerza por la aparición de muchos de los dos mil quinientos personajes en varias obras.

 

Otros novelistas franceses

Guy de Maupassant
(1850-1893) fue un maestro del cuento (Bola de sebo, La casa Tellier) y autor de novelas de indagación psicológica, como Bel-Ami.

Alphonse Daudet
(1840-1897) es famoso por Tartarín de Tarascón y Tartarín en los Alpes, protagonizadas por un provinciano fanfarrón, pero escribió también cuentos y novelas de un naturalismo menos ácido.

 

El caso Dreyfuss

Al final de su vida, Zola publicó una serie de artículos bajo el título «J’accuse» («Yo acuso»), denunciando la manipulación política y racista del caso Dreyfuss, un militar judío acusado de traición y utilizado, en realidad, como chivo expiatorio. Se le considera por ello el primer intelectual comprometido, figura que tan frecuente se hará en el siglo XX.