La novela en lengua francesa de principios del siglo XX
Proust y otros narradores de entresiglos
La cultura francesa se caracterizará hasta la Segunda Guerra Mundial por su división entre el conservadurismo espiritualista y católico y el progresismo. Los novelistas de transición desde el XIX lo muestran claramente: al primer grupo pertenecen Paul Bourget (1852-1935) y Maurice Barrès (1862-1923); al segundo, Anatole France (1844-1924) y Romain Rolland (1866-1944), autor de la extensa novela Jean-Chistophe.
La renovación narrativa viene de dos grandes autores:
- André Gide (1869-1951) simboliza con su propia vida la confusión espiritual de su época: calvinista convertido al catolicismo, casado y homosexual, comunista y crítico del estalinismo. Obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1947.
En sus densas obras (El inmoralista, 1902; Los sótanos del Vaticano, 1914; Los monederos falsos, 1925) analiza todos sus conflictos espirituales, pero vistos con gran ironía. Además, aplica técnicas modernas, como la novela dentro de la novela.
- Marcel Proust es uno de los escritores más importantes del siglo. El primero de los siete tomos de su gran obra En busca del tiempo perdido apareció en 1913 y el último, póstumo, en 1927.
Se trata fundamentalmente de la reconstrucción de una vida inspirada en la del propio autor, que es a la vez un amplio retrato de la sociedad de la época. Su compleja estructura, subjetiva y muy poco tradicional, y tiene su origen en la memoria: la acción avanza a saltos, basándose en sensaciones y en las evocaciones que éstas despiertan.
La narrativa vanguardista
La gran revolución vanguardista supone la ruptura de las formas artísticas tradicionales con sus distintos movimientos (ver t34). Su objetivo es alcanzar el arte por el arte, pero también profundizar en la verdadera realidad que late por debajo de su apariencia.
Uno de los surrealistas más destacadas, Louis Aragon (1897-1982), escribió numerosas novelas, curiosamente de un realismo tradicional, de ideología comunista.
Jean Cocteau (1889-1963) fue poeta, dramaturgo y cineasta. Sus novelas reflejan la evocación autobiográfica de la infancia (Thomas el impostor, 1923), su experiencia con las drogas (Opium, 1929) y la desesperación moderna (Los niños terribles, 1929).
Otros autores son: Raymond Roussel (1877-1933), con sus Impresiones de África (1910); Georges Bataille (1897-1962), muy importante como pensador y autor de unas extrañas novelas eróticas (Historia del ojo, 1928; El azul del cielo, 1957); Raymond Queneau (1903-1976), incansable experimentador del lenguaje (Ejercicios de estilo, 1947; Zazie en el metro, 1959).Los difíciles años treinta
Los terribles hechos históricos (guerra, crisis económica) y los cambios artísticos marcan profundamente las conciencias en el primer tercio del siglo, época que R. Martin du Gard (1881-1958) se replantea en su serie novelística Los Thibault (1922-1940).
Surge una narrativa católica, formalmente tradicional, que se plantea hondos problemas morales (mal, pecado, misterio) mediante personajes de psicología compleja en ambientes de provincia:
- François Mauriac (1885-1970): Nudo de víboras (1932).
- George Bernanos (1888-1948): Bajo el sol de Satán (1926), Diario de un cura rural (1936).
- Julien Green (1900): Medianoche (1936), Moira (1950).
Los acontecimientos políticos (fascismo, revoluciones) estimulan una narrativa comprometida de uno y otro signo:
- André Malraux plasma su inquieta vida en La condición humana (1933), extraordinaria reflexión sobre el idealismo político, y en La esperanza (1938), sobre la guerra civil española. Escribió también ensayos y sus recuerdos, Antimemorias (1971).
- Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) fue aviador, actividad que refleja en Vuelo nocturno (1931) y Tierra de hombres (1939). Su fama se debe a El principito (1943), cuento infantil moralizante.
- L.-F. Destouches, «Celine» (1894-1961) fue un anarquista radical que simpatizó con los nazis. Su rebeldía se manifiesta en Viaje al fin de la noche (1932) y Muerte a crédito (1936), de agresiva innovación verbal y estructura muy libre.
- Pierre Drieu La Rochelle (1893-1945) fue otra personalidad turbulenta que pasó por el surrealismo y las drogas. Se unió al fascismo en la época de la Segunda Guerra Mundial. Su mejor obra es Memorias de Dirk Raspe (1966).
El Principito. BIBLIOTECA NACIONAL, MADRID.
Marcel Proust
Con un estilo complejo y elaborado, Marcel Proust alterna minuciosas descripciones de ambientes y finos análisis psicológicos.
Marcel Proust (1871-1922) nació en una rica familia de la alta burguesía. Inició pronto su carrera literaria, que le permitió introducirse en los círculos aristocráticos. Enfermo crónico de asma, tras la muerte de sus padres se recluyó en 1906 en una casa de paredes revestidas para aislarse del ruido y poder consagrarse a la composición de su gran obra hasta su muerte.
Dos escritores muertos
El gran Meaulnes (1913), única novela de Alain Fournier (1886-1914), muerto en la Gran Guerra, es una lírica evocación del paso de la infancia a la adolescencia. El diablo en el cuerpo (1923) de Raymond Radiguet (1903-1923), que oponía cínicamente al heroísmo bélico oficial los amores entre un adolescente y una mujer casada con el marido alistado, causó un gran escándalo.
André Malraux
André Malraux (1901-1976) aplicó a su vida la idea de que la libertad se halla en la acción individual. Arqueólogo en Asia, asistió a los inicios de la Guerra Civil china. Después fue herido en la Guerra Civil española combatiendo con las Brigadas Internacionales. En la Segunda Guerra Mundial fue hecho prisionero y tras fugarse, participó en la Resistencia. Fue un excelente ministro de Cultura con De Gaulle.
