LITERATURA

Novela inglesa y norteamericana contemporáneas

La influencia de la lengua inglesa en muchos países hace que su literatura no se limite a Inglaterra y se enriquezca con variadas aportaciones culturales. La literatura norteamericana abandona su vinculación a Europa (ver t76) para concentrarse en su propia realidad y profundizar en la heterogeneidad de su población.

Narrativa británica de posguerra

  • Dos escritoras tradicionales son Ivy Crompton-Burnett (1884-1969), exploradora de infiernos domésticos (Criados y doncellas, 1947), y Jean Rhys (1894-1979), que en Ancho mar de los sargazos (1966) recrea unos personajes de Ch. Brönte. Otro novelista conservador en forma y fondo es Evelyn Waugh (1903-1966) en sus numerosas obras, como Retorno a Brideshead (1945).
  • George Orwell (1903-50) utiliza la novela para criticar el totalitarismo estalinista en Rebelión en la granja (1945), protagonizada por animales, y en la terrible visión del futuro 1984 (1948). Otra novela de denuncia del estalinismo es El cero y el infinito (1940), de Arthur Koestler (1905-1983).
  • Grahan Greene (1904-1991) es uno de los más importantes autores de posguerra por habilidad narrativa y problemática ético-religiosa (El poder y la gloria, 1940; El americano tranquilo, 1955).
  • Malcom Lowry (1909-1957) trazó en su famosa novela Bajo el volcán (1947) el retrato de un alcohólico, de resonancias autobiográficas.
  • Lawrence Durrell (1912-1990) es autor del Cuarteto de Alejandría (1957-1960), conjunto de novelas ambientadas en la ciudad egipcia cuyas tramas se van cruzando.
  • William Golding (1911-1993) analizó en El señor de las moscas (1954) el salvajismo que late bajo la racionalidad humana.También la lucha entre el bien y el mal centra en clave de fantasía El señor de los anillos, gran éxito de J. R.Tolkien (1892-1973).

Más adelante surgen algunos novelistas próximos al tono de protesta de los «jóvenes airados» (ver t82), como Kingsley Adams (1922), que con Jim, el afortunado (1954) satiriza el mundo universitario, y Alan Sillitoe (1928), que analiza la toma de conciencia de obreros y marginados en Sábado por la noche y domingo por la mañana (1958) y La soledad del corredor de fondo (1959).

Un éxito tardío han tenido Anthony Burgess (1917) con La naranja mecánica (1962) y John le Carré (1931) con sus novelas de espionaje, como El espía que surgió del frío.

Entre los autores más jóvenes destacan J. Barnes (1946), I. McEwan (1948), G. Swift (1949) y K. Ishiguro (1954).

Escena de la película 1984, basada en la novela de Orwell..

Narrativa norteamericana de posguerra

Algunos novelistas de posguerra recogen la herencia de crítica social de sus antecesores, como James Agee (1909-1955), con Una muerte en la familia (1957), o Robert Warren (1905-1989) con Todos los hombres del rey (1946), sobre el auge y la caída de un político.

En la misma línea se sitúa el subgénero de la novela negra, con James Cain, Dashiell Hammett y Raymond Chandler, cuyas tramas detectivescas revelan el lado oscuro de la sociedad americana.

La narrativa judía cuenta con grandes figuras: el emigrado Isaac B. Singer (1904-1991) y los ya autóctonos Saul Bellow (1915), autor de Carpe diem (1956); B. Malamaud (1914- 1986); P. Roth (1933), con El lamento de Portnoy (1969), caricatura de una típica familia judía americana; J. Heller (1923) y su sátira militar Catch-22 (1961).

Entre los escritores negros predomina la problemática racial. R. Ellison (1914) cuenta en El hombre invisible (1952) el progresivo desencanto de un negro. Otros autores destacables son James Baldwin (1924) y Toni Morrison (1931).

Los novelistas sureños reflejan la falta de esperanza de la provincia americana, como Carson McCullers (1917-1967) en La balada del café triste (1951), o la esclavitud, como William Styron (1925) en Las confesiones de Nat Turner (1967). Truman Capote (1924-1984) pasó del tema sureño a dar testimonio de la cara amable (Desayuno con diamantes, 1958) y oscura (A sangre fría, 1966) de la juventud.

La generación beat de los años cincuenta, anticonformista y rebelde, tuvo como maestro a Henry Miller (1891-1980) y su temática sexual (Sexus, 1949; Nexus, 1960). Su manifiesto fue En el camino (1957), de Jack Kerouac (1922-1969), crónica de una vida itinerante. Las drogas son el tema central de El almuerzo desnudo (1969), de William Burroughs (1914).

En los últimos años ha dominado una corriente experimental, con autores como J. Purdy (1923), W. Kennedy (1928), John Barth (1930), Robert Coover (1932), Thomas Pynchon (1937) o Paul Auster (1947).

Norman Mailer (1923) se reveló como gran narrador realista con Los desnudos y los muertos (1948), sobre la guerra en el Pacífico. Más tarde cultivó el nuevo periodismo, reportajes de tono literario e intención crítica, como Los ejércitos de la noche (1968).

Literatura y racismo

Dos escritoras inglesas nacidas en África plantean en sus obras el problema del apartheid.
Doris Lessing (1919) tuvo que abandonar Rhodesia por su antirracismo, tema que ocupa en sus novelas, como en Canta la hierba (1952). La trayectoria de la surafricana Nadime Gordimer (1923) es paralela, incluyendo el exilio. Entre sus obras destacan Un difunto mundo burgués (1966) y La gente de July (1981).

 

Narradores de otros países

También utilizan el inglés escritores de variada nacionalidad, como el veterano irlandés Liam O?Flaherty (1897-1984; Insurrección, 1950), el canadiense Michael Ondaajte (1943; El paciente inglés, 1992) o el australiano Patrick White (1924; El explorador, 1957). De los novelistas indios, el más conocido es Salman Rushdie (1947), que despliega una extraordinaria fantasía en Hijos de la medianoche (1981). De origen indio, aunque nacido en Trinidad, es V. S. Naipaul (1932).

 

Otros novelistas americanos

Algunos excelentes autores resultan inclasificables. El genial ruso Vladimir Nabokov (1899-1977) adoptó el inglés para escribir Lolita y Ada o el ardor. Paul Bowles (1910), exiliado en Tánger, proclama su desdén por la civilización en El cielo protector (1949). J.D. Salinger (1919) trazó en El guardián entre el centeno (1951) un inolvidable retrato de la pérdida de la inocencia juvenil. John Updike (1932) es el cronista del consumismo americano en la serie que abre Corre, Conejo (1960). Por último, hay que recordar los extraordinarios cuentos de Ray Bradbury (1920), que no son sólo de ciencia-ficción.