HÁBITOS SALUDABLES

El estrés

Llevar hoy en día un estilo de vida tranquilo y relajado supone un privilegio. Lo normal es que vivamos en tensión, con prisas para todo: comer, trabajar, movernos de un lado para otro... Esta celeridad nos causa pequeñas alteraciones, en principio sin importancia, pero que con el tiempo pueden desembocar en graves trastornos psicológicos y físicos.

La palabra estrés viene del inglés stress y es definido médicamente como "respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le hace". Esta definición implica la existencia de estrés positivo y negativo.

El positivo es aquel que nos permite enfrentarnos a las dificultades con la mente clara y los sentidos centrados en las demandas, dificultades o peligros que nos impone nuestra vida diaria. Sin embargo, si se supera cierto umbral, distinto en cada persona, aparece el estrés negativo, que nos agarrota y nos impide reaccionar adecuadamente, constituyendo entonces un problema.

Esta tensión improductiva se va acumulando si no existe una liberación o relajación. Llega un momento en que los centros reguladores del cerebro tienden a hiperreaccionar, ocasionando desgaste físico, crisis de angustia y, potencialmente, depresión y otras alteraciones de la salud.

Entre el 15 y el 25% de la población de los países desarrollados sufre crisis de angustia. Tienen mayor incidencia en mujeres, personas adultas, jóvenes y estudiantes; siendo muy bajas, paradójicamente, en países subdesarrollados y/o sometidos a guerras, desastres naturales, etcétera. Estas crisis consisten en un repentino pánico sin causa aparente. Pueden producir una sensación de despersonalización y desmayo, taquicardia, sudoración intensa y temblores, entre otros síntomas.

Las crisis de angustia duran entre unos veinte minutos y una hora y cesan repentinamente dejando a la persona agotada. Ésta sufre, además, sorpresa e impotencia al no controlar sus reacciones, y su vida normal y sus relaciones sociales pueden verse afectadas.

A pesar del sufrimiento que implica experimentar un episodio de intensa angustia, las crisis no son graves y remiten fácil y rápidamente con un tratamiento adecuado. Por esta razón, es importante recibir ayuda especializada pronto. Cuando la situación se hace crónica, el trastorno puede tener consecuencias psíquicas y/o físicas.