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La historia de la Tierra

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La historia de la Tierra

La Tierra se formó hace más de 4.600 millones de años. Desde entonces hasta la actualidad, el planeta no ha dejado de cambiar. La Tierra forma parte del Sistema Solar. Su situación privilegiada, a la distancia adecuada del Sol para que exista agua en los tres estados (sólido, líquido y gaseoso), permitió en un momento determinado la aparición de la vida.

Hace 10.000 millones de años, cuando el Universo apenas contaba con 300.000 años de existencia (el equivalente a unas dos horas en la vida de una persona adulta), se produjo un violento estallido de energía, el Big Bang, y el cosmos empezó a expandirse.

A partir de esa explosión se fueron formando las galaxias. Una de ellas fue la Vía Láctea. El Sol apareció en el espacio hace unos 4.650 millones de años en una zona de la Vía Láctea. Tras él se creó el Sistema Solar, a partir de una nebulosa inicial, por un proceso de acreción.

La Tierra era entonces polvo cósmico y gases que, por acción de la gravedad, se transformaron en una masa de material fundido e incandescente. Este material empezó a reorganizarse en capas, de forma que en el interior estaban los materiales más densos y en el exterior los más ligeros, como el vapor de agua y otros gases. Al enfriarse, los materiales de la superficie se solidificaron para formar la litosfera oceánica y los gases se desprendieron dando lugar a la atmósfera primitiva.

Con el paso del tiempo, el vapor de agua se condensó y volvió a la superficie como agua líquida, formando los primeros océanos. Las primeras rocas ígneas procedentes de las erupciones volcánicas fueron el origen de la litosfera continental. En una intensa actividad de formación y fusión de rocas, aparecieron las grandes masas de material continental, en cuyas depresiones se fue acumulando el agua. Este conjunto de procesos geológicos propició las condiciones que permitieron la aparición de la vida.

Las edades de la Tierra

El tiempo geológico se mide en millones de años para facilitar el estudio. Cuando se habla de las edades de la Tierra, desde que se formó como planeta, se consideran dos eones: el Precámbrico y el Fanerozoico. Los eones se dividen tomando como referencia los cambios más importantes producidos en la flora y en la fauna.

Los eones presentan las siguientes características:

  • El Precámbrico, que duró 4.030 millones de años, se caracteriza por la formación del planeta como tal. En este periodo la atmósfera reductora con la que interactuaban ciertos microorganismos, al enriquecerse en nitrógeno y oxígeno, dio lugar a la aparición de las primeras formas de vida y los primeros invertebrados marinos. Este eón se suele dividir en tres partes: el Hádico, el Arcaico y el Proterozoico.
  • El Fanerozoico, en el que todavía nos encontramos, abarca también tres partes que, en caso de este eón, se denominan eras: Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica. Se caracteriza por acontecimientos tan importantes como la división de los continentes, la época de los dinosaurios o la aparición de los primeros seres humanos.

La aparición de los primeros seres vivos

Mientras la Tierra se desarrollaba geológicamente, en su superficie se estaba produciendo otro fenómeno de enorme importancia: la evolución biológica, es decir, el desarrollo de las distintas formas de vida.

En la antigua Grecia explicaban la aparición de los seres vivos por medio de la generación espontánea. Pero en el siglo XX la teoría de "la sopa primordial" defiende que el primer organismo vivo se generó en los océanos del Precámbrico, que entonces tenían altas temperaturas y las condiciones adecuadas para que aparecieran las primeras moléculas orgánicas. Éstas se unieron para formar compuestos más complejos, hasta dar lugar a células sencillas. El primer organismo fue probablemente un tipo de bacteria primitiva.

Todos los vertebrados actuales (los peces, los anfibios, las aves, los reptiles y los mamíferos) provienen de un pez primitivo que vivió en los mares del periodo Ordovícico, hace más de 500 millones de años. Pero, cuando sus descendientes pudieron colonizar la superficie, ésta ya estaba poblada por vegetación como los ginkgos, los tejos o las coníferas.

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra

La palabra dinosaurio procede del griego y significa "lagartos terribles", lo cual nos da una idea de lo impresionantes que eran estos reptiles. Algunos, de proporciones gigantescas, llegaron a alcanzar 40 metros de largo y 80 toneladas de peso.

Los dinosaurios poblaron la Tierra durante 150 millones de años, desde finales del Triásico hasta finales del Cretácico. En ese periodo fueron los dueños absolutos de la vida en nuestro planeta, hasta que se extinguieron hace 65 millones de años por razones que aún no se han podido confirmar.

Los antepasados directos de los dinosaurios fueron un grupo de reptiles primitivos, los tecodontos, que aparecieron a principios del Triásico. Algunos tecodontos se convirtieron en animales anfibios o acuáticos (cocodrilos e ictiosaurios, enormes criaturas marinas), otros, en animales voladores (pterosaurios), y algunos adoptaron la postura bípeda (plateosaurios). Ciertas especies de estos reptiles evolucionaron finalmente y se convirtieron en dinosaurios.

La interpretación de los restos del pasado

Gran parte de la información que poseemos sobre las primeras fases en el desarrollo de la vida procede del estudio de los fósiles. Los fósiles son restos de organismos primitivos, que han sufrido un proceso de mineralización que ha permitido conservar partes de su estructura orgánica, sus rastros o huellas.

Fósil es tanto el insecto conservado en ámbar como las huellas de un dinosaurio en una roca, la mandíbula de un Australopitecus, la concha petrificada de un molusco o los mamuts conservados en hielo que se han hallado en Siberia.

Los fósiles más antiguos encontrados hasta ahora corresponden a bacterias acuáticas, con más de 3.000 millones de años. Cuando en un mismo lugar aparece una gran cantidad de fósiles de uno o varios periodos geológicos se habla de yacimiento.

La fosilización es el proceso por el que los restos de un ser vivo se mineralizan. Esta mineralización supone una transformación química mediante la que se sustituyen, molécula a molécula, los compuestos orgánicos del organismo muerto por sustancias inorgánicas. La ciencia que estudia los fósiles es la Paleontología.

La teoría de la evolución

Se calcula que en la actualidad viven en la Tierra sólo el 1% de las especies que han existido a lo largo de su historia. Es evidente que algunos seres vivos actuales son parecidos a otros más primitivos o guardan más similitudes con unas especies que con otras.

Aunque el biólogo Jean Baptiste Lamarck propuso el concepto de evolución, fue Charles Darwin quien lo desarrolló. Lamarck suponía que los seres vivos están animados por una fuerza innata con la que luchan frente a las condiciones ambientales adversas. Aceptaba, además, que las adaptaciones a ese ambiente que implicasen beneficios para la población se mantenían en las generaciones sucesivas.

Darwin planteaba que todos los seres vivos actuales descienden de unos antepasados comunes, por lo que las distintas especies están relacionadas entre sí. Darwin recopiló pruebas a favor de la selección natural como fundamento de la evolución biológica. Lo hizo en un viaje que realizó a bordo del barco HMS Beagle por las costas de América del Sur y los archipiélagos del océano Pacífico durante cinco años. Publicó las conclusiones de sus observaciones y experiencias en su libro El origen de las especies, de consulta obligada para cualquier naturalista.

EL VIAJE DE DARWIN

Todos los seres vivos presentan antecesores comunes y tienen entre sí diferente grado de parentesco. La transformación progresiva de los seres vivos constituye la evolución. En el caso de la especie humana, los cambios en el medio, las mutaciones y la selección natural modelaron a un conjunto de poblaciones de primates, que se fueron transformando hasta dar lugar a la cadena de homínidos, de la cual somos el último eslabón.

La línea evolutiva del ser humano

El primer primate que se desplazó por tierra fue el Aegyptopitecus, que caminaba a cuatro patas y vivió, hace unos 30 millones de años, en Egipto (de ahí su nombre). En ese momento las condiciones atmosféricas estaban provocando la desaparición de las selvas, su hábitat natural.

Pero los antecesores directos de la especie humana fueron los Ardipitecus ramidus, homínidos bípedos que aparecieron en África hace casi 4,5 millones de años. Estos evolucionaron hasta el Australopitecus que, a su vez, dio lugar a dos líneas evolutivas diferentes: el Parantropus y el Australopitecus africanus. Este último vivió en el valle del Rift, en el continente africano hace 3,5 millones de años, y representa la línea que culmina con la aparición de un nuevo tipo de homínidos, el género Homo, al que pertenecemos.

Del Homo habilis surgió el Homo ergaster. Después la línea evolutiva continuó con el Homo antecesor, que salió de África hace tan sólo un millón de años y colonizó Europa a lo largo del Pleistoceno, evolucionando al Homo neandertalensis. Otra oleada migratoria llevó al Homo sapiens desde ese continente al resto del planeta.

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