A un mes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, es el momento de prestar atención a las encuestas. Hasta ahora era demasiado pronto para tomárselas en serio, pero a partir de ahora sí que pueden indicar cuál es la tendencia del voto.
Ya ha habido un debate entre los candidatos a presidente y otro entre los candidatos a vicepresidente, y la crisis económica ha irrumpido como un terremoto en la campaña. Prácticamente todas las encuestas ponen a Obama por delante de McCain, algunas hasta por seis puntos, pero la mayoría señalan una diferencia menor de tres puntos, que es el margen de error.
En cualquier caso, las encuestas a nivel nacional no son las que hay que mirar. El sistema electoral estadounidense hace que, en realidad, el presidente sea elegido estado por estado, y no en el conjunto del país. Eso es lo que hace posible la paradoja del año 2000, cuando Bush consiguió la Presidencia a pesar de que en todo Estados Unidos sacó medio millón de votos menos que Gore. Por lo tanto, hay que mirar las encuestas estado por estado.
En unos cuarenta estados, la diferencia en las encuestas entre ambos candidatos es tan grande que ya se puede predecir cuáles van a ser para Obama y cuáles para McCain. Por tanto, la lucha se centra en los diez restantes, los llamados "swinging states", literalmente los "estados que se columpian", los que pueden oscilar en uno u otro sentido.
Basta con que dos o tres cambien de lado para decidir la Presidencia. Y en ese sentido, hay un dato muy importante: Ohio y Florida, que fueron para Bush hace cuatro años y que en las encuestas anteriores se inclinaban hacia McCain, ahora se inclinan hacia Obama. Si esto lo confirmasen las urnas el 4 de noviembre, el próximo presidente sería Obama.


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