La crisis económica se ha convertido en el tema principal de los discursos en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como todos los años en septiembre, la Asamblea General inaugura sus sesiones con la presencia de numerosos dirigentes mundiales. En los últimos años, era el discurso de Bush el que más atención suscitaba, pero esta vez nadie le ha hecho demasiado caso. Ha dicho lo de siempre, y además el año que viene ya no estará allí.
Así que la gente se ha fijado más en lo que han dicho otros presidentes. Y muchos de ellos han coincidido en afirmar que la culpa de la crisis actual la tiene un determinado modelo de capitalismo, el neoliberal, y que el origen y la causa de la crisis está en Estados Unidos. El más incisivo ha sido el iraní Ahmadineyad, que ha afirmado que los elevados gastos militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán son los que han producido la crisis. Y, si miramos a la historia, no le falta razón.
La intervención americana en Vietnam durante los años 60 acabó disparando la inflación y eso, unido a que el precio del petróleo se triplicó en 1973, causó una depresión económica entre las décadas de los 70 y los 80. Ahora podría estar pasando algo parecido.
Pero, más allá de la incidencia de las guerras de Irak y Afganistán, la economía americana tiene dos problemas muy graves y casi imposibles de resolver a la vez: un enorme déficit comercial y un enorme déficit presupuestario. Eso tenía que estallar tarde o temprano. Y lo peor es que el plan para rescatar a los bancos americanos puede que ponga orden en Wall Street, pero no reduce ninguno de esos dos déficits históricos e incluso puede aumentar el presupuestario.


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