Todavía mucha gente sigue pensando que el milagro económico chino consiste en que fabrican cosas muy baratas, pero de poca calidad. Y es cierto, pero China también está consiguiendo niveles de tecnología cada vez más elevados.
En estos momentos, China invierte en investigación más que muchos países europeos, y sus empresas están situándose en posiciones punteras en sectores como la electrónica, las comunicaciones y la construcción aeronáutica. Ahora mismo acaba de colocar a tres astronautas en órbita y sigue adelante con sus planes para poner un chino en la Luna antes de 2020.
Es el único país, junto a Estados Unidos y Rusia, que mantiene un programa de vuelos espaciales tripulados. Todo eso no quita para que China siga manteniendo muchas características propias de un país pobre.
Tras el despliegue organizativo de los recientes Juegos Olímpicos, aparece ahora el escándalo de la leche contaminada. Mientras en Shanghai proliferan los centros comerciales ultramodernos, en el campo siguen viviendo con lo básico. Pero China está avanzando a la vez en todos los sectores, y están empeñados en conseguir la mejor tecnología, sea inventándola, comprándola o copiándola.
Ése es el verdadero desafío chino y el que nos obliga a los demás a ponernos las pilas para mejorar los sistemas educativos y las capacidades de innovación.


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