La crisis financiera ha afectado ya de lleno a la campaña electoral de Estados Unidos: John McCain ha propuesto dejar en suspenso la campaña, incluido el debate televisado con Barack Obama previsto para mañana.
La salida de la crisis va a depender mucho de que el Congreso estadounidense acepte el plan de rescate propuesto por el presidente Bush. Sin embargo, muchos representantes y senadores no lo acaban de ver claro. Primero, por la enorme cantidad de dinero, 700.000 millones de dólares, que aumentarán aún más el insoportable déficit público americano.
Segundo, porque no se entiende que haya que ayudar con dinero del Estado a aquellos que siempre han pedido que el Estado les deje en paz. Y, además, porque con ese dinero se van a pagar cuantiosas indemnizaciones a los ejecutivos financieros que son los responsables de esta crisis. Así que el debate en la Cámara de Representantes y en el Senado va a ser duro.
Como resulta que tanto McCain como Obama son senadores en ejercicio, tendrán que ir a ese debate y votar, y por eso McCain dice que los dos candidatos tienen que concentrarse ahora en eso y dejar de lado la campaña. Para algunos, eso será muestra de su patriotismo; pero, para otros, es un signo de cobardía política.
Las encuestas favorecen en estos momentos a Obama, y por eso el candidato demócrata insiste en mantener el debate. En todo caso, deberían cambiar el tema. El debate de mañana iba a versar sobre temas de seguridad y política exterior, pero es inevitable que, con la que está cayendo, los dos candidatos debatan ya sus recetas para curar a la enferma economía estadounidense.


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