Hace hoy exactamente 45 años, el líder de la lucha por los derechos civiles de los negros americanos, Martin Luther King, pronunció un discurso extraordinario, tanto en la forma como en el fondo. Uno de los mejores discursos de la historia.
"Tengo un sueño", repetía una y otra vez Martin Luther King. Un sueño de un país en el que las diferencias raciales no importaban, en el que todos los estadounidenses perseguían juntos un país más libre y más justo.
Aunque parezca mentira, entonces, hace sólo medio siglo, los negros de una parte de Estados Unidos, en concreto los estados del Sur, sufrían una discriminación no muy distante de la que hubo en la Sudáfrica del "apartheid". No podían ir a la universidad, no podían votar, no podían sentarse en los autobuses junto a los blancos.
Es cierto que hoy los africano-americanos, como ellos prefieren llamarse, siguen sufriendo una discriminación encubierta, pero la discriminación legal desapareció gracias a la lucha de Martin Luther King y sus seguidores y también porque los presidentes Kennedy y Johnson impulsaron políticas antidiscriminatorias.
El sueño de Martin Luther King se truncó cuando fue asesinado cinco años más tarde, pero su discurso perduró. Probablemente, ni él mismo pudo imaginar que un negro podía aspirar seriamente a ser presidente de Estados Unidos, pero ahí está Barack Obama, que es ya oficialmente el candidato del Partido Demócrata.
Los discursos que ha dado hasta ahora Obama han sido extraordinarios, es un orador casi tan bueno como Martin Luther King, y también son muy buenos sus dos libros, "La audacia y la esperanza" y "Los sueños de mi padre".
No hay duda de que hoy su discurso de aceptación de la candidatura va a ser vibrante en la forma, pero falta por ver el fondo. Hoy le toca a Obama explicar su sueño y conseguir ilusionar con él a millones de personas.


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