Hillary Clinton tiene que ser hoy muy convincente en su discurso ante la Convención Demócrata. Tiene que dejar bien claro que ni un solo militante o simpatizante del Partido Demócrata puede dudar a la hora de echar su papeleta el 4 de noviembre. Que todos los votos demócratas tienen que ir para Obama, porque sólo así hay una posibilidad de ganar las elecciones.
Las encuestas están señalando algunos datos preocupantes. Si es verdad que un 30% de las personas que votaron por Hillary Clinton están pensando abstenerse en noviembre, e incluso algunos de ellos votar a McCain, no hay nada que hacer.
Hillary Clinton sacó 18 millones de votos en las primarias, que en teoría deberían ser para Obama en noviembre; pero, si creemos a esas encuestas, 6 millones de esos votos se le van a escapar, y así no puede ganar. Y menos todavía si, como parece, en cambio todos los republicanos están cerrando filas en torno a McCain.
A la derecha religiosa, que fue fundamental en el triunfo de Bush, no le acaba de gustar McCain, pero sus líderes empiezan a decir que hay que votar a McCain como mal menor, para impedir que Obama, al que presentan como un socialista inmoral, llegue a la Casa Blanca.
En estas condiciones, no bastará con que Hillary Clinton haga el discurso típico de llamamiento a la unidad y todo eso; tendrá que ser un discurso en el que apele directamente a sus seguidores a no desperdiciar ni una sola papeleta en noviembre.


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