El Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo adoptado ayer en Cannes por los ministros de Interior confirma que Europa quiere cerrar sus puertas a los inmigrantes. O, más exactamente, que las abrirá solo para quien quiera y las cerrará para el resto. Y a los que se cuelen saltando el muro, les echará.
Podía haber sido aún peor si se hubieran aceptado todas las propuestas que hacía Francia, por ejemplo que los inmigrantes firmasen un contrato en el que se especificasen sus obligaciones. Pero, en general, las condiciones de admisión de los inmigrantes se ven endurecidas.
El Pacto ha sido adoptado por unanimidad, con lo cual es muy probable que los jefes de Gobierno de los Veintisiete le den fuerza legal en su cumbre de otoño. El Pacto dispone una serie de cosas que obligan a todos, como una gestión conjunta de las fronteras exteriores de la Unión Europea; pero también hay otras muchas que quedan reservadas a cada Estado, como el número y el tipo de inmigrantes que quiere.
También hay un avance hacia la unidad, o por lo menos la coordinación, de las fuerzas policiales europeas. Los policías podrán ir de prácticas a las comisarías de otros países. Igual que a los estudiantes, que pueden irse a una universidad de cualquier otro país europeo, a los policías se les ha contagiado el "espíritu Erasmus".


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