Casi siete años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, comienza en Guantánamo el primer proceso contra los presuntos autores de aquella matanza.
Hoy es la primera fase del proceso, con la lectura de los cargos. La vista pública como tal comenzará a mediados de septiembre. Son cinco los procesados, entre ellos el supuesto organizador del ataque, el kuwaití Jalid Sheij Mohamed. Los cinco se enfrentan a la pena de muerte solicitada por el fiscal.
El juicio es un tanto peculiar. Tiene algunas cosas normales: habrá abogados defensores, aunque han tenido poco contacto con sus defendidos, y asistirán unos sesenta periodistas; pero todo lo demás es excepcional.
El encargado de dictar sentencia es un tribunal militar especial. Se van a aceptar las pruebas basadas en confesiones de los detenidos obtenidas mediante lo que la Administración Bush llama "interrogatorios duros" y las organizaciones de derechos humanos llaman tortura a secas.
El juez podrá cortar el sonido de la sala para que el público no pueda escuchar algunas partes del juicio. Las posibilidades de recurrir la sentencia son muy escasas. Y, sobre todo, el proceso está viciado desde su origen, por la propia existencia de Guantánamo como una cárcel que funciona al margen de las reglas y que ha creado una especie de limbo jurídico.


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