El intercambio de presos entre Israel y Hizbolá ha creado una enorme frustración en Israel. Mientras Israel ha entregado a cinco presos vivos y en buen estado de salud, ha recibido a cambio dos cadáveres, y además sin saber hasta el último momento si esos dos soldados capturados hace dos años estaban vivos o no.
Los israelíes están viviendo esto como una derrota y los libaneses, especialmente los del Hizbolá, como una victoria. Los israelíes, acostumbrados a ganar las guerras de tanques y aviones, se están dando cuenta de que no pueden ganar las guerras de guerrillas, que pudieron con los sirios, los egipcios y los jordanos, pero que no pueden con los palestinos ni con los libaneses.
Todo el poderío de su aviación, lanzada hace dos años contra Líbano, no bastó para destruir a Hizbolá. Y su famoso servicio secreto, el Mossad, no ha sido capaz de saber si los dos soldados capturados estaban muertos o no.
Eso está creando en Israel un sentimiento de revancha y la gente clama venganza contra el jeque Nasralá, el líder del Hizbolá, e incluso contra Irán, patrocinador del Hizbolá. Pero, una vez que esa rabia se sedimente, quizá haga comprender a muchos israelíes que está llegando el momento de firmar una paz definitiva con todos sus vecinos.
Que la época victoriosa ya pasó y que, cuanto más tiempo transcurra, más fuerte va a ser Hizbolá y más difícil de derrotar, y que los planes de aniquilar a Hamas, grupo palestino hermano del Hizbolá, también están fracasando.


Erantzun