Ahora todos intentan sacar provecho político del rescate de Ingrid Betancourt, unos con más motivos que otros. El presidente colombiano, Álvaro Uribe, ha conseguido un gran éxito. El francés, Nicolas Sarkozy, se ha apresurado también a salir en la foto, y es verdad que se ha implicado mucho en la liberación de Betancourt, como también lo hizo su predecesor, Jacques Chirac.
Para Francia, el secuestro de Ingrid Betancourt ha sido una cuestión de interés nacional. El venezolano Chávez ha vuelto a ofrecer sus servicios como mediador, intentando hacer olvidar que antes apostó descaradamente por las FARC. Pero quien más provecho político puede sacar de todo esto es la propia Ingrid Betancourt. Si decide retomar la carrera política, se puede convertir en una candidata formidable.
Durante los años 90, Betancourt alcanzó una popularidad notable en Colombia gracias a sus denuncias de la corrupción de la clase política. Abandonó el Partido Liberal, creó su propio partido, llamado Oxígeno Verde, fue elegida senadora en 1998, en 2001 se marchó del Senado con un portazo y en 2002 se presentó candidata a las presidenciales, aunque su popularidad había bajado.
Entonces sucedió su secuestro por la guerrilla y se truncó su carrera política, que ahora podría reanudar en la cresta de la ola. Para Uribe, el rescate de Betancourt es un arma de doble filo: en buena lógica, le puede ayudar a perpetuarse en el poder, pero también le puede hacer más complicado ganar las siguientes elecciones si ella vuelve a la arena política.


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