No es fácil sacar adelante una reforma constitucional en Francia, hacen falta tres quintos de los votos afirmativos de todos los diputados y senadores, una mayoría cualificada que es difícil conseguir. Algunos de los cambios que se votan hoy son interesantes.
Por ejemplo, que el Parlamento tenga que dar su autorización para una misión militar si se prolonga más de seis meses, la limitación a dos del número de mandatos presidenciales, la posibilidad de que el Parlamento pueda rechazar algunos nombramientos efectuados por el presidente, la creación del referéndum por iniciativa popular o la aceptación de que las lenguas regionales forman parte del patrimonio de Francia.
En conjunto, es una de las reformas más importantes que se han planteado a una Constitución que va a cumplir ya 50 años. El futuro del presidente Sarkozy no está en juego, pero sí es verdad que sería para él un varapalo político que la reforma no saliera adelante.
La gran mayoría parlamentaria que tiene la derecha le acerca a los tres quintos, pero hay algunos diputados rebeldes de la derecha que van a votar en contra o se van a abstener, con lo cual Sarkozy se ha dedicado durante los últimos días a intentar convencer a algunos centristas e izquierdistas para que no voten en contra o al menos se abstengan.
Si la reforma constitucional sale, aunque sea por los pelos, quizá sea el trampolín que necesita Sarkozy para dar un nuevo impulso a su Presidencia, un tanto apagada después del brioso comienzo de hace un año. Si no sale, Sarkozy seguirá, pero quizá pierda en el camino a su primer ministro, François Fillon.


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