La violencia contra los inmigrantes se extiende en Sudáfrica, donde se siguen produciendo ataques contra inmigrantes procedentes de Zimbabwe, Mozambique y otros países africanos. Sudáfrica es, con diferencia, el país más desarrollado económicamente de África, aunque todavía muchos sudafricanos viven en la pobreza.
Por poner un ejemplo, Sudáfrica consume más electricidad que todos los países subsaharianos juntos. Y, por lo tanto, desde hace tiempo atrae mano de obra de los países vecinos más pobres, sobre todo para trabajar en sus minas. Siempre ha habido un recelo de los nativos hacia esos inmigrantes, pero nunca había habido disturbios como los de ahora.
Al menos 22 personas han sido ya asesinadas, en algunos casos quemadas vivas. No se trata de un problema racista, de color de piel, pues todos son negros, sino de xenofobia económica. El argumento que dan los que quieren echar a los extranjeros es el habitual: que quitan los puestos de trabajo a los nativos.
Estos sucesos son especialmente inoportunos porque Sudáfrica va a organizar el Mundial de Fútbol de 2010, una ocasión en la que el país espera dar al mundo una imagen de avance y modernidad. Aunque el Gobierno no está alentando la xenofobia, sino todo lo contrario, esto puede hacer mucho daño a la imagen de Sudáfrica, un país que terminó de forma pacífica con el régimen del apartheid y que se había convertido en tierra de asilo político y económico para muchos africanos.


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