Hillary Clinton ha ganado por goleada en Virginia Occidental a Barack Obama, pero en Estados Unidos la pregunta más repetida es cuánto va a tardar Hillary en tirar la toalla.
Es como esos boxeadores que están a punto de caer y les salva la campana justo a tiempo. Teniendo en cuenta la tozudez que ha demostrado Clinton, lo más probable es que aguante todo lo que queda de elecciones primarias, es decir, hasta el 3 de junio.
No tiene posibilidades de alcanzar a Obama en el número de delegados que se reparten en las primarias, pero insiste en su estrategia: impedir que Obama consiga la mayoría suficiente para ser proclamado automáticamente, y que así la decisión final la tomen los superdelegados, es decir, los cargos del Partido Demócrata. Esta estrategia, sin embargo, corre el riesgo de romper el partido, y por eso aumentan las voces que le piden que lo deje ya.
¿Qué busca Clinton? Las explicaciones son variadas.
Quizá crea de verdad que puede ganar, que Obama puede cometer algún error y que eso llevaría a los superdelegados a ponerse del lado de Clinton.
Quizá pretenda forzar a Obama a llevarla como vicepresidenta en su candidatura.
Quizá quiera demostrar que sí, que ha perdido, pero por muy poco, y que puede volver a ser una buena candidata dentro de cuatro años.
Y quizá es algo más simple que todo eso: que esté esperando a que alguien se haga cargo de la enorme deuda personal, unos 11 millones de dólares, que ha contraído en esta campaña.


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