Ha sido detenido Radovan Karadzic, el ideólogo de la matanza de Srebrenica y del sitio de Sarajevo durante la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995.
Falta por detener Ratko Mladic, el jefe militar que dirigió esas operaciones, en las que murieron al menos 20.000 personas. La detención de Karadzic es una buena noticia para quienes quieren que se haga justicia con los criminales de guerra y para quienes creen en una Europa unida. Tarde o temprano, esa Europa unida tendrá que meter en su seno a los países balcánicos, pero primero hace falta que esos países dejen atrás las guerras de los años 90.
En el caso de Serbia, para abrirle las puertas de la Unión Europea se le exige primero que detenga a los criminales de guerra serbios, especialmente Karadzic y Mladic.
El actual Gobierno serbio, presidido por Boris Tadic, es partidario del acercamiento a Europa y de cumplir las condiciones requeridas. Es una política arriesgada, porque muchos serbios siguen pensando que Karadzic y Mladic son héroes de guerra, no criminales. Tras ganar las últimas elecciones, Tadic ha decidido jugársela.
Ahora la Unión Europea tiene que reaccionar con generosidad. Es verdad que falta Mladic, pero la Unión Europea debería acelerar las negociaciones para una futura entrada de Serbia en la Unión. Las principales reservas vienen de Holanda, y se explican fácilmente: los "cascos azules" que supuestamente protegían Srebrenica y fueron puestos en ridículo por Mladic eran holandeses.


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