La organización militar más poderosa del mundo, se arriesga a una derrota en el país asiático. Tiene dos opciones: meterse aún más en esa guerra para ganarla o prepararse para la retirada.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, tomó personalmente la decisión de enviar 700 soldados más a Afganistán el pasado abril. Pretendía con ello demostrar que es un aliado fiel, respondiendo a la petición de refuerzos formulada por la OTAN.
Muchos franceses no estuvieron de acuerdo con esa decisión, y ahora, tras la muerte de diez soldados galos en Afganistán, la oposición intentará acorralar a Sarkozy. Lo cierto es que la situación en Afganistán se está poniendo fea no sólo para Francia, sino para la OTAN en su conjunto.
Los talibanes están cada día más fuertes y se acercan más a la capital, Kabul. Y los últimos sucesos en Pakistán, con el abandono de la Presidencia por parte de Musharraf, les favorecen.
Musharraf hizo algunos intentos de controlar la frontera entre Afganistán y Pakistán, que los talibanes cruzan cuando les da la gana, y lo más probable es que el nuevo presidente no ponga ningún empeño en luchar contra los talibanes.
Así las cosas, la OTAN, la organización militar más poderosa del mundo, se arriesga a una derrota en Afganistán. Empiezan a dibujarse dos alternativas: o la OTAN se mete aún más en esa guerra para ganarla, pero ya se puede anticipar que la opinión pública europea va a estar en contra de esta opción, o prepara desde ahora la retirada, que supondrá la caída del presidente Karzai, la vuelta al poder de los talibanes y la pérdida de ocho años de vidas y esfuerzos.
Más le vale a la OTAN olvidarse de confrontaciones con Rusia y concentrarse en el problema de Afganistán, donde realmente está en juego el futuro de esta organización.


Erantzun