Una vez más, la Unión Europea se encuentra dividida por un problema que, a primera vista, no es suyo. Georgia tiene un problema con Rusia, y algunos países europeos entienden que la UE tiene que meterse en ese conflicto a favor de Georgia y en contra de Rusia.
Entre esos países está Gran Bretaña, siempre dispuesta a seguir la política exterior de Estados Unidos, que es el padrino del actual presidente de Georgia, Mijail Saakashvili. No obstante, también los países del Este defienden una política de firmeza frente a Rusia, y en su caso se debe a que tienen miedo de Rusia.
En tiempos no lejanos, hace solo veinte años, esos países estaban en la órbita de Moscú y había soldados rusos en sus territorios. Temen que Rusia quiera reconstruir su pasado imperial.
En el otro lado están Alemania, Francia, España y otros países que afirman que no se deben romper todos los puentes con Rusia; están dispuestos a congelar las relaciones, a dejar de lado por el momento los planes de firmar un acuerdo estratégico con Rusia, pero no a adoptar sanciones contra Moscú.
En todo este debate, no se puede perder de vista una cosa: Georgia no es candidata a entrar en la Unión Europea, ni siquiera a largo plazo. Sí es candidata a entrar en la OTAN, pero la OTAN no es la Unión Europea. Cuando hay tantos que dudan de si Turquía es Europa o no, de si Turquía debe entrar en la Unión o no, a pesar de que sí es un país candidato, hay que tener mucha prudencia con respecto a Georgia, porque existe el riesgo de que la UE se meta en un conflicto apoyando a un país que está totalmente fuera de sus fronteras y en contra de un vecino con el que no tiene más remedio que llevarse lo mejor posible.


Erantzun