Los soldados rusos continúan su avance dentro de territorio georgiano. Ya controlan Osetia del Sur y Abjasia, las dos regiones rebeldes de Georgia, y han echado de allí a los soldados georgianos, aunque al parecer los georgianos aún mantienen algunas posiciones en ambas regiones.
La estrategia de los rusos parece ser amenazar la capital de Georgia, Tbilisi, y cortar el territorio georgiano en dos, abriendo un segundo frente desde Abjasia.
La duda es hasta dónde están dispuestos a llegar los rusos, pero su objetivo estratégico es evidente: derrocar al presidente georgiano, Mijail Saakhashvili, o dejarlo tan debilitado que sea la propia oposición georgiana la que se encargue de echarle.
Rusia ha tenido que tragar en los últimos años la pérdida de gran parte del poder que tenía cuando existía la URSS. Muchos de sus antiguos aliados están ahora en la organización militar en la que manda su enemigo estratégico, Estados Unidos.
No pudo hacer nada cuando Estonia, Letonia y Lituania entraron en la OTAN. Pero ahora Rusia se siente más fuerte, sabe que tiene la llave de la energía que consume gran parte de Europa y que Estados Unidos está atado de pies y manos en Irak y Afganistán.
Saakhashvili ha desafiado a Rusia intentando meter a Georgia en la OTAN. Y eso Putin y Medvedev no se lo van a perdonar. De una manera o de otra, quieren quitarse de encima a Saakhashvili, y éste les ha dado el pretexto con su imprudente ataque contra los osetios.
No conviene olvidar, porque cuando llevamos sólo cinco días de conflicto ya se están perdiendo las perspectivas, que fueron los georgianos los que iniciaron las hostilidades bombardeando Tsjinvali.


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