Gran Bretaña ha ratificado en la Cámara de los Lores el Tratado de Lisboa, ahorrando así un disgusto a la Unión Europea.
Por una vez, Gran Bretaña no ha dado un disgusto a la Unión Europea, sino una alegría. La ratificación del Tratado de Lisboa por parte de la Cámara de los Lores británica es el mejor regalo que podían recibir los 27 jefes de Gobierno que se reúnen en el Consejo Europeo.
Una vez que Gran Bretaña ha ratificado el Tratado de Lisboa, no parece que lo rechace ninguno de los países que quedan por hacerlo, aunque el Parlamento de la República Checa está muy dividido al respecto y la votación allí va a ser muy ajustada.
De esta manera, quedaría Irlanda aislada como el único de los 27 socios que no acepta el Tratado de Lisboa. Desde el punto de vista legal, da lo mismo que diga "no" uno solo o dieciséis, porque basta la negativa de un país para que ese tratado no pueda entrar en vigor; pero, desde el punto de vista político, no da lo mismo.
Habrá que ver qué concesiones pueden hacer el resto de los socios a Dublín para que los irlandeses acepten el Tratado de Lisboa en una segunda votación; pero también los irlandeses tendrán que comprender que no pueden paralizar el avance del resto.
De esto hablará el primer ministro irlandés, Brian Cowen, con sus colegas en la cena de hoy. Se suponía que la cumbre europea iba a ser tranquila y que iba a servir para preparar la Presidencia francesa de la Unión Europea, que comenzará el 1 de julio, pero el "no" irlandés ha trastocado las prioridades.
En la Unión pasan últimamente cosas raras: se aprueban algunas directivas, como la de la duración de la semana laboral o la de retorno de los inmigrantes, que implican un refuerzo de las posiciones más conservadoras, y mientras, un país muy proeuropeo como era Irlanda hasta ahora no quiere seguir adelante, el país más euroescéptico, Gran Bretaña, da luz verde al avance.


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